La llave que no abre nada
Elena vuelve al Barrio Chino tras el funeral de su padre con la intención de vender y marcharse, pero encuentra el local bloqueado, a Wei custodiando la trastienda y a Don Julián presionando con una oferta de compra de 48 horas. Entre papeles de venta y documentos viejos, Elena descubre que su padre no dejó dinero sino notas de crédito, nombres tachados y señales de una red de favores migrantes. Cuando cree que solo falta firmar, Wei le cierra el paso y le revela que la herencia no es un trámite sino una carga que no se resuelve con una firma.