El nombre del muerto en la pantalla de vidrio
Tomás entra al edificio Montenegro desde la humillación: acceso negado, recepción indiferente y una junta que lo trata como un yerno sin peso. Doña Mercedes y Rafael lo rebajan en público, pero Tomás conserva la calma y detecta que el nombre de un pariente muerto no es un error, sino una cuenta viva reabierta con una cadena documental real. Alba confirma el problema con su silencio técnico y luego le ayuda a obtener una copia parcial. Cuando Mercedes lo expulsa del acceso compartido para borrarlo del tablero, Tomás ya tiene lo esencial: la cuenta del muerto está activa, hay una ventana de transferencia privada y la firma repetida apunta desde adentro de la casa Montenegro. El capítulo cierra con la humillación convertida en amenaza material y un reloj oculto que ya empezó a correr.