Cuatro días para perder la casa
Tomás llega al desayuno convertido en un estorbo visible y descubre que el refugio familiar ya está marcado para venta con plazo de cuatro días. Marta Salcedo presiona el cierre rápido, Don Julián intenta imponer obediencia y dejarlo fuera de la decisión, pero Tomás detecta una marca anómala en el expediente y deduce que hay un archivo oculto dentro de la propiedad. La humillación inicial se transforma en misión: la venta parece buscar borrar una prueba antes del cuarto día, y Lucho lo detiene al final exigiéndole que demuestre que no improvisa.