La casa marcada y el nombre que la expulsó
Elena regresa a la casa-refugio ancestral y encuentra el aviso formal de venta con una transferencia fijada en cuatro días. La recibe Marisol con prisa y control, pero pronto queda claro que la casa ya fue revisada desde dentro: faltan papeles escondidos, la lata de galletas está vacía y alguien abrió una costura donde se guardaba algo importante. La discusión entre ambas revela que la expulsión de Elena no fue simple distancia sino parte de una protección torcida y dolorosa. Cuando llega Bastián Salcedo con formalidades impecables para cerrar la venta en nombre de intereses hostiles, Marisol obliga a Elena a quedarse. Le entrega una llave antigua y la conciencia brutal de que solo ella sabe cómo abrir el acceso oculto de la casa. Elena entiende que no volvió por nostalgia, sino porque es la pieza indispensable para impedir que todo caiga en manos ajenas.