El archivo sellado que no debió volver
El mismo día del cierre sucesorio, Inés vuelve a la casa patrimonial y encuentra el archivo sellado sobre la mesa, convertido en carga y prueba. Doña Elvira se lo entrega como única persona capaz de sostenerlo, mientras Tomás intenta reducirlo a inventario y mercancía. Inés impone verlo ante todos, detecta que el cierre fue manipulado y recibe una llave provisional con un plazo de seis días antes de que el paquete sea vendido, quemado o borrado. Al revisar el inventario descubre que su propio nombre ya figura como responsable con una nota de deuda trasladada, dejando claro que la casa no la invitó: la usó para cargar una verdad que todavía no ha terminado de abrirse.