El inventario de la humillación
Julián soporta la humillación pública de Don Octavio frente al inversor Valente mientras limpia la oficina portuaria. Amenazado con la expulsión definitiva si no cuadra el inventario antes del amanecer, descubre un patrón deliberado de faltantes en los contenedores refrigerados y, en el margen de un libro mayor, reconoce un código quirúrgico que funciona como firma personal de alguien de su pasado médico. El capítulo termina cuando el capataz sufre un aparente infarto frente a los socios, forzando a Julián a elegir entre mantenerse oculto o intervenir y exponer su verdadera capacidad.