El regreso que nadie esperaba
El cristal de la vitrina principal estalló bajo el peso de la bota de Alejandro. El eco del disparo policial aún vibraba en las paredes del salón de subastas, pero el silencio que siguió fue más letal. Ante él, los restos de la vieja guardia de Salazar intentaban bloquear el acceso al servidor del fideicomiso, con los dedos temblorosos sobre las tabletas.
—Un paso más y sus cuentas no solo serán congeladas, serán borradas —sentenció Alejandro. Su voz, gélida y desprovista de esfuerzo, detuvo a los hombres en seco. El líder del grupo, un hombre que hace una hora ordenaba ejecuciones, soltó el dispositivo, derrotado por el aura de depredador que emanaba el recién llegado. Alejandro avanzó, invadiendo su espacio vital hasta obligarlo a retroceder. Con un movimiento seco, tomó el control del sistema. La lealtad de la sala se había evaporado; el poder, ahora, tenía un nuevo dueño.
Horas después, el aire en la vieja casa familiar seguía cargado de cedro y secretos. Alejandro cruzó el umbral, sus pisadas resonando con una autoridad que el lugar no conocía desde hací
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