El precio de la obediencia
El aire en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Central era una mezcla estéril de antiséptico y la desesperación metálica de una cuenta regresiva. Alejandro observaba el monitor cardíaco de Elena; cada pulso era un segundo menos antes de que la demolición del distrito se volviera irreversible. Elena, con la piel translúcida por el esfuerzo de la cirugía, apretó su mano con una fuerza sorprendente.
—Víctor no quiere el dinero, Alejandro. La subasta es solo el humo que oculta la demolición total —susurró ella, con la voz quebrada por la intubación—. El libro mayor está en la caja 14 del Banco Nacional. Es la única prueba que vincula a Víctor con la ejecución de tu padre. No dejes que borren nuestro linaje.
Alejandro guardó la llave metálica, fría como el acero de una sentencia. Al salir al pasillo, el olor a dinero y pánico era sofocante. En el e
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