Chapter 9
El aire en la sala de juntas de la Torre Varela no solo estaba viciado; pesaba como plomo. Los auditores federales, figuras grises con carpetas plastificadas, se movían con la frialdad de enterradores profesionales. Rafael, sentado en la cabecera, ya no sostenía la mirada. Sus manos, antes inquietas sobre el caoba, ahora descansaban inertes. Alejandro, apoyado contra la pared de cristal, sentía el peso del contrato original en el bolsillo interior de su saco. Era un trozo de papel, pero en ese momento, era la única ley que quedaba en pie.
—El congelamiento es total —sentenció el auditor principal, cerrando su maletín con un chasquido seco—. Cuentas corporativas, activos inmobiliarios, participaciones accionarias. Nadie sale de este piso sin autorización del Ministerio. La empresa es, a efectos legales, un cadáver en espera de autopsia.
Rafael soltó una carcajada que sonó a cristal roto. —Se han equivocado de blanco. Alejandro es el que ha estado moviendo los hilos desde las sombras de la clínica. Registren sus cuentas, no las mías. Él es el titiritero.
Alejandro no parpadeó. La desesperación de Rafael era una distracción barata, un último inte
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