Chapter 7
El aire en la sala de juntas ya no olía a café de especialidad; apestaba a ozono y a miedo contenido. Alejandro mantuvo la mirada fija en Rafael, cuya mano temblaba mientras intentaba recoger los informes de la votación suspendida. Sobre la mesa de caoba, el anexo de la clínica —ese pedazo de papel amarillento que Alejandro había rescatado de las sombras— brillaba bajo la luz cenital como una sentencia de muerte.
—Es una falsificación, Alejandro. Un intento desesperado de un hombre que sabe que su tiempo en esta empresa ha terminado —escupió Rafael, aunque su voz carecía de la firmeza de hace diez minutos. Los demás miembros de la junta evitaban el contacto visual, absortos en sus dispositivos, donde el caos mediático que Alejandro había orquestado comenzaba a filtrarse como una fuga de gas.
Alejandro no se inmutó. Se reclinó, cruzando los dedos sobre el contrato original. Su paciencia no era pasividad; era el silencio de un depredador que ya había colocado las trampas.
—Rafael, si fuera una falsificación, no estarías sudando —respondió Alejandro con una calm
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