Chapter 5
El aire en la biblioteca de Polanco no olía a libros antiguos; olía a la frialdad metálica de una caja fuerte violada. Alejandro pasó los dedos por el borde dentado de la cerradura electrónica. No hubo forcejeo; fue una cirugía de precisión, ejecutada por alguien que conocía el código 15-08-09 tanto como la estructura misma del acero. El duplicado del contrato ya no estaba. Su ausencia dejaba un hueco físico en el estante, pero una brecha legal abismal en su estrategia. Sobre el escritorio de caoba, una marca de sello de lacre con el emblema de la rama extendida de los Mendoza confirmaba sus sospechas: no era un ladrón común, sino el escudo legal de sus propios tíos, moviéndose en las sombras para limpiar la herencia antes de que la malversación de la tía Carmen saliera a la luz.
Alejandro abandonó la casa con la mandíbula apretada. Cada segundo que lo separaba de las 9:00 a.m. se sentía como un golpe seco en el pecho. Al llegar al ala privada del hospital, el ambiente era estéril, un vacío denso que olía a desinfectante y a la desesperación de los que aún tienen algo que perder. Entró en la habitación de la tía Carmen sin llamar. Ella estaba conectada a un monitor que emitía un pitido rítmico, una cadencia que marcaba el pulso de su agonía. Sus ojos, antes llenos de una autoridad que intimidaba a los directivos más fero
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