Chapter 4
El aire en la sala de juntas no era oxígeno; era una mezcla de ambición rancia y pánico contenido. Alejandro observaba a los accionistas, hombres y mujeres cuyos rostros, hace apenas diez minutos, destilaban un desdén calculado. Ahora, el contrato original —con sus sellos notariales de hace quince años— reposaba sobre la caoba como una sentencia de muerte. Rafael, el hombre que había orquestado su expulsión, permanecía de pie, con los nudillos blancos apretando el respaldo de su silla. La derrota no era solo un contratiempo; era una humillación pública que le arrancaba la máscara de control.
—Esto es una farsa —rugió Rafael, aunque su voz carecía de la autoridad de antaño—. La cláusula de reversión es un anacronismo. Nadie en esta mesa va a permitir que un contrato de hace una década paralice nuestra expansión.
Alejandro no se levantó. Su calma era un arma más afilada que cualquier grito. Deslizó un documento adicional: la copia notariada del primer depósito de capital semilla, realizado en la Clínica Altamirano. La firma era inconfundible. El silencio que siguió fue absoluto. Los accionistas, antes aliados in
Preview ends here. Subscribe to continue.