La red se cierra
El ático de Don Héctor conservaba el olor a tabaco rancio y humedad que Julián recordaba de niño, una fragancia que ahora le sabía a derrota. Afuera, el murmullo del barrio había sido silenciado por el motor ronco de los vehículos de Apex Holdings, que bloqueaban las calles como una mandíbula de metal. Julián apretó el diario de su padre contra el pecho; la llave maestra, fría y pesada, se le clavaba en la palma de la mano.
La puerta se abrió con una parsimonia que le cortó la respiración. Su mentor, el hombre que le enseñó a deshumanizar las cifras para sobrevivir en el mercado corporativo, entró primero. Detrás, el CEO de A
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