La verdad del patriarca
El despacho de Don Héctor olía a tabaco rancio y a una burocracia que nunca terminaba de morir. Julián no buscaba nostalgia; buscaba el final de su propia condena. Afuera, el sonido de botas tácticas sobre el pavimento del callejón era un metrónomo que marcaba el fin de su vida anterior. Cada impacto contra el suelo de madera del edificio era una cuenta regresiva.
Sus manos, que durante años solo habían manejado contratos de fusiones asépticas, temblaban al sostener el diario de su padre.
Preview ends here. Subscribe to continue.