Fractura interna
El aire en la oficina de Arturo, climatizado a una temperatura que siempre me pareció una declaración de poder, se sentía hoy metálico. Sobre el escritorio de caoba, el informe de auditoría trimestral reposaba como una sentencia de muerte. Tenía doce horas antes de que las inconsistencias en los flujos de la consultora —espejo exacto de los movimientos de la red de Elena— se hicieran públicas ante el consejo.
—Mateo, te vi entrar —dijo Arturo sin levantar la vista de su pantalla—. Te ves como si cargaras el peso d
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