La grieta en el sistema
La trampa bajo la lluvia
La lluvia no caía en el Barrio Chino; se desplomaba como una cortina de plomo, sellando las salidas de emergencia y convirtiendo los callejones en canales de agua sucia. Dentro de la trastienda de Mei, el aire olía a humedad, té viejo y al miedo metálico que soltaba el cuaderno negro sobre la mesa. Julián observó las manos de Mei: firmes, a pesar de que su nombre, escrito con una caligrafía que él conocía demasiado bien, figuraba en la lista de deudores que estaban a punto de ser ejecutados por los prestamistas externos.
—Si el rumor llega al oído correcto antes de medianoche, el traidor vendrá a buscar la prueba —susurró Mei, sin mirarlo. Sus ojos seguían fijos en la puerta trasera, donde el tintineo de una campanilla distante sonaba como una sentencia de muerte—. Solo alguien que sepa que el cuaderno es la única forma de limpiar su propio nombre se arriesgará a venir con este tiempo.
Julián apretó el sobre que contenía una falsificación burda del registro. Era un cebo. Si el informante del consejo de ancianos caía, Julián tendría la prueba definitiva para salvar la red antes de la fecha límite del 21/03. Si fallaban, la red se desmoronaría bajo el peso de una deuda que ya no era solo del Tío Chen, sino suya. La presión en sus sienes era un pulso constante, un recordatorio de que su vida fuera de este bloque se había evaporado.
Un golpe seco en la puerta de madera interrumpió el silencio. Julián se tensó, ocultando el cuaderno bajo una pila de facturas. Mei le lanzó una mirada de advertencia y se deslizó hacia la penumbra, con la mano cerca de la cerradura. El sonido de la lluvia se intensificó, un rugi
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