El cuaderno de los nombres tachados
El café en la oficina del Tío Chen sabía a ceniza y a una humedad que se negaba a abandonar las paredes. Julián observaba el cuaderno negro sobre el escritorio, su superficie de piel sintética desmoronándose bajo la luz mortecina de una bombilla que zumbaba con la insistencia de un insecto atrapado. La fecha escrita en rojo en la esquina superior derecha —21/03— no era una sugerencia; era una sentencia. Mañana, el barrio dejaría de ser un ecosistema de remesas y secretos para convertirse en una zona de liquidación.
Julián pasó el dedo por la caligrafía: una mezcla híbrida
Preview ends here. Subscribe to continue.