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Chapter 10: La anomalía sistémica

Kaelen estabiliza su sistema mediante una actualización forzosa, sacrificando sus recuerdos familiares para obtener el control administrativo del sector. Tras colapsar el pasillo sobre los guardias de la Secta, Kaelen abre el acceso al Estrato IV, pero comprende que su ascenso ha atraído la atención directa de la jerarquía superior de la Torre.

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La anomalía sistémica

El aire en el Sector Muerto del Estrato III sabía a ozono y a metal calcinado. Kaelen se desplomó contra la pared de basalto, con la espalda ardiendo por el impacto. Su sistema, la Unidad 0-K, emitía un zumbido errático que le entumecía los huesos. Ya no quedaba rastro de pánico; la eliminación de su empatía, el precio pagado para estabilizar el núcleo tras la caída de Thorne, lo había dejado en un estado de calma gélida y analítica.

Una notificación roja parpadeó sobre su visión, superponiéndose a las grietas de la antigua piedra:

[ADVERTENCIA: INTEGRIDAD DEL NÚCLEO AL 42%. ACTUALIZACIÓN FORZOSA EN PROCESO.] [REQUISITO DE ESTABILIZACIÓN: 500 UNIDADES DE ENERGÍA VITAL O SACRIFICIO DE MEMORIA NÚCLEO.]

Kaelen observó el contador descendente: 02:45. Le quedaban menos de tres minutos antes de que la Torre, al detectar la inconsistencia en su estructura, iniciara un formateo total del sector. Los guardias de la Secta, ahora privados de la dirección de Thorne, se reagrupaban en el pasillo adyacente. Sus gritos eran ecos distantes, insignificantes frente a la urgencia de su propia maquinaria interna.

—Valeria —dijo Kaelen, su voz carente de inflexión emocional. Ella estaba a su lado, sosteniendo una daga de obsidiana con manos temblorosas, su mirada fija en la entrada—. Los guardias llegarán en menos de dos minutos. Necesito energía o tendré que borrar los datos de mi familia para que el sistema complete la actualización. Es el único archivo con el peso energético suficiente.

Valeria se tensó, sus nudillos blancos sobre la empuñadura. No era lealtad lo que brillaba en sus ojos, sino el cálculo frío de quien sabe que su única salida de la deuda eterna depende del éxito de aquel paria.

—Si los borras, no quedará nada de ti, Kaelen —siseó ella, aunque su cuerpo ya se posicionaba para el asedio—. Hazlo. Si mueres aquí, mi contrato de deuda se transfiere a la Secta y terminaré como una batería humana en el Estrato I.

Kaelen no respondió. Su mente, despojada de la calidez de la empatía, procesaba el asedio como un conjunto de variables de energía. El sistema necesitaba el 22% restante para integrar el fragmento de memoria que acababa de arrebatarle a Thorne. Con un movimiento deliberado, Kaelen forzó a la interfaz a drenar el entorno. Las paredes del sector, impregnadas de energía residual de siglos de recolección, comenzaron a agrietarse. La energía fluyó hacia él, un torrente frío que le quemaba las venas mientras la Torre, confusa, intentaba recalibrar su estatus.

—¡Están aquí! —gritó Valeria. La puerta reforzada cedió bajo el impacto de las picas de energía de los guardias.

Kaelen sintió el clic final: [ACTUALIZACIÓN 100%. MODO ADMINISTRADOR HABILITADO.]

El mundo se tiñó de líneas doradas. Kaelen vio los puntos de tensión en el pasillo: la estructura del techo, las runas de contención, el flujo de maná de las armaduras de los guardias. Con un gesto apenas perceptible, no levantó un arma, sino que colapsó la lógica del entorno. El pasillo se retorció; el techo de piedra se desplomó como si la gravedad hubiera decidido traicionar a la Secta, sepultando a los ejecutores bajo toneladas de escombros.

Kaelen se puso en pie, su piel brillando con una luz estática. La Torre ya no lo trataba como un intruso; las runas a su alrededor se encendieron en un tono azul profundo, reconociéndolo como un administrador de nivel superior.

—El Estrato IV está abierto —dijo Kaelen, caminando sobre las ruinas del sector—. Pero esto no es una victoria, Valeria. Es un aviso. La jerarquía superior acaba de ver cómo su juguete favorito ha roto la jaula.

La Torre vibró con una frecuencia nueva, una nota grave que hizo temblar los cimientos de todo el estrato. Kaelen miró hacia arriba, hacia la oscuridad del siguiente nivel, sabiendo que la purga apenas estaba comenzando. La Secta ya no buscaba a un recolector; buscaban a un error sistémico que debían borrar antes de que el resto de los niveles despertara.

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