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Chapter 11: El colapso de la jerarquía

Kaelen desmantela el sistema de rangos de la Secta del Jade tras activar el Modo Administrador, liberando a los recolectores de sus deudas pero perdiendo su humanidad en el proceso. Tras derrotar a los Ejecutores de la jerarquía superior, descubre que la Torre es solo un filtro en un sistema mucho más vasto, convirtiéndose en el objetivo principal de una cacería interdimensional.

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El colapso de la jerarquía

El aire en el Centro de Control del Estrato III no era aire; era una estática cargada de ozono que erizaba la piel. Kaelen observó sus manos. Ya no le pertenecían. La interfaz del sistema, ahora fusionada con su sistema nervioso, proyectaba una cascada de datos en su visión periférica. El sacrificio de sus recuerdos familiares —el rostro de su madre, el sonido de la lluvia en el techo de hojalata de su infancia— se sentía como una amputación necesaria. El vacío que dejaron fue ocupado por el "Modo Administrador".

Thorne, el otrora intocable Maestro de la Secta, se arrastraba entre los restos de la consola central, con la túnica hecha jirones y los ojos inyectados en sangre. Kaelen no sintió lástima. Solo vio un error de sistema que debía ser purgado.

—Tu autoridad era una simulación, Thorne —dijo Kaelen. Su voz, despojada de cualquier inflexión humana, resonó en la cámara—. La Secta no era un orden. Era un parásito.

Kaelen hundió sus dedos en el núcleo de cristal. El sistema emitió un chillido agudo, una alarma roja que intentó bloquear su acceso, pero Kaelen, marcado como la Unidad 0-K, forzó la validación. Con un gesto, liberó el flujo de datos. En el tablero público, visible para cada recolector en el sector, los rangos de la Secta del Jade se desplomaron. La palabra 'Privilegiado' se desvaneció, reemplazada por un 'Deuda Pendiente' que parpadeaba en rojo brillante. Las paredes de jade, muros de contención durante siglos, comenzaron a agrietarse bajo la presión de la energía liberada.

Thorne soltó una carcajada histérica. —¡No sabes lo que has hecho! ¡La jerarquía superior no perdona a las anomalías! ¡Nos borrarán a todos, Kaelen! ¡La Torre no es tuya, es su jaula!

Kaelen ignoró el pataleo del hombre. Se giró hacia la Plaza del Mercado. Valeria estaba allí, con la daga en la mano y el rostro pálido, observando cómo la estructura social que la había esclavizado se desmoronaba. Kaelen le lanzó una llave de acceso holográfica. La luz azul iluminó sus rasgos fríos.

—El sistema no permite espacios vacíos, Valeria —ordenó Kaelen—. Toma el control de los recursos. Asegura la logística. Si la Secta cae, alguien debe sostener la estructura o los recolectores morirán en el caos.

Valeria retrocedió, horrorizada por la frialdad inhumana en los ojos de quien alguna vez fue su aliado. —Kaelen, esto no es libertad. Es otra cadena —susurró, aunque sus dedos se cerraron sobre la llave. Comprendió que el hombre que conocía había muerto en el proceso de actualización.

Antes de que pudiera responder, una frecuencia sintética resonó en el aire, más fría que la de Kaelen. «Anomalía 0-K detectada. Ejecución autorizada». Tres figuras envueltas en túnicas blancas descendieron del techo. Eran Ejecutores, herramientas de la jerarquía superior. El primero levantó una mano, condensando cuchillas de energía pura. Kaelen no intentó una defensa frontal; inyectó energía residual en los nodos de control del Estrato IV. No atacó a los intrusos, sino a la gravedad del sector. El suelo se volvió fluido, tragándose a los Ejecutores en un error de sistema catastrófico.

Kaelen aprovechó la apertura para cruzar el umbral hacia el Estrato IV. Al posar su mano sobre la consola, el techo de la Torre se disolvió en anillos concéntricos. No vio más niveles de cultivo. Vio el cielo nocturno, vasto y aterrador, plagado de miles de otras torres erigiéndose como agujas en un desierto infinito. En la cima de cada una, pequeños puntos de luz se movían con una coordinación letal. El sistema emitió una advertencia crítica: la Torre no era un mundo, era un filtro. Y él acababa de ser marcado como el objetivo principal de una cacería que apenas comenzaba.

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