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Chapter 5: El mercado de la traición

Kaelen utiliza una trampa táctica para identificar al informante de Thorne, extrayendo un fragmento de memoria crítico mediante su sistema. Tras una confrontación brutal en el bazar, logra forzar el acceso al Estrato V, quedando atrapado en un nuevo nivel mientras la Secta sella el acceso tras él, dejando a Kaelen con un mapa prohibido y un temporizador que no perdona.

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El mercado de la traición

El temporizador de Kaelen no era un reloj, era una sentencia de muerte parpadeando en rojo carmesí: 04:12. Cada segundo que permanecía en el Estrato IV, su núcleo, apenas estabilizado tras el sacrificio de su percepción espectral, vibraba con una inestabilidad punzante. La purga de Thorne había convertido el mercado periférico en una ratonera; los puestos de suministros legítimos habían sido clausurados, y los ejecutores de la Secta patrullaban los callejones con sus sensores de energía al máximo.

Kaelen se deslizó por una ruta prohibida, una arteria de ventilación olvidada que solo los recolectores de escombros más desesperados conocían. Sus pulmones ardían por la falta de oxígeno filtrado. Al llegar al puesto clandestino, depositó un núcleo corrupto, cargado de energía inestable, sobre la mesa.

—Si Thorne te localiza aquí, seremos ceniza antes del amanecer —siseó el comerciante, ocultando un frasco de esencia de éter con manos temblorosas.

—Cállate y dame la información —replicó Kaelen, absorbiendo la esencia mientras el sistema emitía un pitido agudo. La purga se intensificaba; el cerco se cerraba.

El aire en el bazar apestaba a ozono y desesperación. Kaelen soltó un rumor codificado sobre su posición en el sector siete, un cebo táctico diseñado para atraer al informante de Thorne. Valeria, su socia, lo bloqueó en la sombra de un puesto de chatarra, su mano crispada sobre el pomo de su daga.

—Estás cruzando la línea, Kaelen. Los ejecutores no son matones de barrio. Si esto sale mal, no habrá un mañana —advirtió ella, aunque su mirada traicionaba una codicia calculadora.

—Si no los atraigo, nunca sabremos quién vende nuestras cabezas —respondió él, cortante.

Tres figuras encapuchadas surgieron de la penumbra, sus guanteletes cargándose con estática letal. Kaelen se lanzó al frente, convirtiéndose en un borrón cinético. Esquivó la descarga del primer atacante, sintiendo el ozono quemar su piel, y respondió con un impacto seco en el plexo solar que quebró el exoesqueleto del enemigo. El segundo intentó flanquearlo, pero Kaelen pivotó, utilizando la inercia del agresor para estamparlo contra un muro de acero. La brutalidad de su estilo no era gratuita; cada movimiento estaba calculado para maximizar el daño y minimizar el gasto de su escaso maná.

Tras neutralizar al grupo, acorraló al informante contra una pared oxidada. El hombre intentó morderse la lengua para purgar su núcleo, pero Kaelen fue más rápido. Activó la interfaz, enviando una descarga azulada que paralizó los nervios del traidor.

—¿Crees que puedes borrar lo que Thorne te confió? —siseó Kaelen.

Forzó el acceso. El sistema chirrió, devorando la resistencia del sujeto. De pronto, una visión violenta estalló en su mente: Thorne no era el arquitecto, sino un parásito que drenaba energía vital de los niveles inferiores. Y allí, en el centro de la firma energética del informante, estaba el mapa del siguiente nivel.

Una alarma roja parpadeó en su retina: Thorne estaba a minutos de llegar. Kaelen soltó al informante, que cayó como un saco de huesos. El fragmento de memoria era más que datos; era una llave.

Corrió hacia la puerta del Estrato V mientras la purga de Thorne se desataba a sus espaldas. El umbral no tenía oxígeno, solo una estática metálica que le erizaba la piel. Su cronómetro parpadeaba en un rojo violento: 00:04:12 para el colapso.

—¡Muévete! —gritó Valeria, tirando de él.

Kaelen ignoró el dolor en su núcleo. Conectó su palma al panel central, sacrificando su última reserva de vitalidad. El sistema emitió un zumbido agudo, drenando su calor corporal, pero la puerta se abrió. Al cruzar al Estrato V, el sello se cerró tras ellos con un estruendo definitivo, cortando cualquier regreso. Kaelen se desplomó en el nuevo nivel, con el mapa del siguiente estrato grabado a fuego en su mente, mientras el sistema revelaba una verdad aún más aterradora: el mapa contenía un patrón de energía que nadie en la Secta debía conocer, una frecuencia que resonaba con la estructura misma de la Torre.

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