Costo de oportunidad
El sabor a cobre en la boca de Kaelen no era solo el cansancio; era el precio de haber forzado la realidad de la Torre. En el estrecho pasaje de mantenimiento del Estrato IV, el aire se sentía viciado, cargado con una estática eléctrica que erizaba los vellos de su nuca. Su núcleo, todavía vibrante por la energía bruta del salto, emitía pulsos irregulares que le desgarraban las entrañas. Cada latido era una advertencia: el sistema estaba cobrando su comisión.
[SISTEMA: Estabilidad del Núcleo: 12%] [ADVERTENCIA: La desincronización de energía residual provocará colapso celular en 00:04:12]
Kaelen se apoyó contra la pared fría, sintiendo cómo el sudor empapaba su túnica de recolector. La Secta del Jade no tardaría en rastrear la firma energética que había dejado al destruir el medidor de talento en el nivel inferior. Thorne no enviaría a un simple guardia; enviaría a un verdugo, alguien capaz de oler la anomalía en el aire. Kaelen apretó los dientes, ignorando el temblor en sus manos. Tenía dos opciones: sacrificar una de sus habilidades recién adquiridas para estabilizar el núcleo o dejar que el sistema se consumiera a sí mismo. Sacrificó la 'Percepción de Espectro', sintiendo cómo una parte de su intuición se apagaba permanentemente, pero el núcleo se estabilizó en un 40%. No era una victoria, era una tregua.
Valeria apareció en la penumbra del callejón, contando un fajo de créditos con una frialdad que ocultaba el miedo en sus ojos.
—La Secta ha duplicado la recompensa por tu cabeza —dijo ella sin mirarlo—. Thorne está moviendo sabuesos de nivel superior. Saben que estás aquí, Kaelen.
Kaelen se obligó a ponerse en pie. Necesitaba suministros médicos, pero cada moneda gastada era una señal de rastreo.
—¿Cuánto te han ofrecido por entregarme? —preguntó Kaelen, su voz apenas un siseo.
Valeria se detuvo, sus dedos apretando los créditos. Una sonrisa cínica curvó sus labios.
—Lo suficiente para borrar mi deuda. Pero la lealtad es un negocio de largo plazo, y tú eres la mejor apuesta para salir de este agujero. Hay un informante de la Secta en el mercado; si lo atraemos, podemos conseguir los supresores que necesitas sin que Thorne sepa que fuiste tú quien los compró.
Kaelen aceptó el riesgo. La trampa fue quirúrgica: Valeria atrajo al informante a un rincón ciego, y Kaelen, utilizando su energía inestable como cebo, lo inmovilizó antes de que pudiera activar su baliza. El informante, un hombre pálido con el sello de la Secta grabado en el cuello, no tuvo tiempo de gritar. Al revisar sus pertenencias, Kaelen no encontró solo suministros médicos; encontró un fragmento de memoria de la Torre, un patrón de datos que brillaba con una frecuencia prohibida.
Sin embargo, la calma duró poco. El aire en el acceso al Estrato V empezó a vibrar con una intensidad insoportable. Thorne había bloqueado la ruta principal, pero Kaelen sabía que la Torre no podía negar el paso a quien poseía el fragmento. Obligó a su sistema a hackear la puerta de obsidiana, sacrificando casi toda su vitalidad restante en un proceso agónico. La puerta cedió con un gemido metálico, revelando el umbral hacia el siguiente nivel.
Cruzó el umbral justo cuando los pasos de los ejecutores de la Secta resonaban en el pasaje que acababa de abandonar. Pero al entrar en el Estrato V, el sistema no le dio la bienvenida. La interfaz parpadeó en rojo sangre, reiniciando su temporizador de supervivencia con una velocidad aterradora. El cuerpo de Kaelen empezó a fallar, sus articulaciones se sentían como cristal fracturado y su visión se nublaba. El temporizador, ahora acelerado, marcaba el fin de su tiempo antes de lo previsto, como si la Torre misma se hubiera convertido en su cazadora, obligándolo a ascender sin tregua hacia un estrato donde el aire era demasiado denso para los débiles.