La escalera pública
La primera descarga de barrido de la Secta del Jade rozó la nuca de Kaelen como una aguja de hielo. Estaba agazapado en el conducto de servicio del Estrato III, sintiendo cómo las runas de inspección drenaban la luz de las lámparas y el calor de su propia sangre. A su lado, Valeria lo observaba con una mezcla de codicia y desdén, su respiración contenida mientras las patrullas de discípulos de élite sellaban los accesos inferiores.
—Tu firma energética está gritando, Kaelen —susurró ella, con los ojos fijos en la herida mal cerrada que parpadeaba en la visión periférica de él. Purga activa: 00:11:42.— Si no te mueves, te van a desmantelar como a cualquier otro recolector de escombros.
Kaelen no respondió. Sintió el tirón agónico en su pecho; su sistema, una anomalía que convertía el exceso de energía residual en cultivo, le exigía un precio. Para enmascarar su rastro, debió sacrificar una parte de su vitalidad, un costo que sintió como un desgarro en su brazo izquierdo. La piel se le oscureció, dejando una cicatriz que palpitaba al ritmo de la Torre. Con un esfuerzo sobrehumano, forzó la apertura de la ruta oculta, una grieta en la lógica geométrica que solo su sistema defectuoso podía trazar.
El conducto de ventilación hacia el Estrato IV se abrió con un chirrido agónico de piedra antigua. Kaelen se desplomó al otro lado, donde el aire no olía a podredumbre, sino a incienso caro y arrogancia. La interfaz del sistema se iluminó con una urgencia eléctrica: [Estabilización de Estrato IV: 68% - Costo: 12% Vitalidad].
No hubo tiempo de descanso. Al ponerse en pie, el grupo de discípulos de la Secta que custodiaba la plaza central lo interceptó. El líder, un joven de mandíbula afilada llamado Joren, lo escaneó con un desprecio gélido.
—Un recolector fuera de su jaula —sentenció Joren, cerrándole el paso—. El mercado inferior está siendo purgado. ¿Qué hace un paria subiendo por el ascensor de servicio?
Kaelen sintió la presión estática de la mirada del Maestro Thorne desde la torre de mando. Si retrocedía, sería ejecutado; si se quedaba, debía demostrar que su presencia no era un error. Cuando Joren intentó inmovilizarlo con un sello de energía, Kaelen no huyó. Canalizó la energía residual que había absorbido durante su ascenso y, en un despliegue de fuerza controlada, golpeó el medidor de talento de la Secta. El artefacto emitió un zumbido agudo antes de estallar en una ráfaga de chispas. La plaza quedó en silencio absoluto. Su nombre apareció en el ranking público, escalando posiciones con una velocidad que desafiaba las leyes de la Secta.
Desde el mirador de obsidiana, Thorne observó el tablero. Sus ojos, fríos como el jade, se fijaron en la anomalía. —Una rata que aprendió a trepar por las tuberías —murmuró, marcando a Kaelen para eliminación inmediata.
Kaelen, oculto en una alcoba de piedra, sintió que el aire a su alrededor vibraba con una estática opresiva. Su sistema emitió una advertencia escarlata mientras el temporizador de su próxima misión se activaba prematuramente, reduciendo su margen de supervivencia. Su cuerpo comenzó a fallar, las articulaciones protestando por el salto de nivel, pero al mirar su interfaz, vio un nuevo mapa: el acceso al Estrato V ya estaba trazado, una promesa de poder que la Torre intentaba, desesperadamente, mantener fuera de su alcance.