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Chapter 2: La ganancia invisible

Kaelen experimenta el primer incremento de poder real tras la absorción. Valeria, una corredora de mercado, nota un cambio en su aura y exige una parte, obligando a Kaelen a usar su fuerza recién adquirida sin revelar su secreto. La purga de la Secta del Jade comienza, forzando a Kaelen a activar una ruta oculta hacia el Estrato IV, sacrificando vitalidad por acceso y escapando de Thorne.

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La ganancia invisible

El aire en los pozos de escombros sabía a ozono y a hierro viejo. Kaelen se hundió contra la pared de basalto, con los pulmones ardiendo. Bajo su piel, el sistema no estaba procesando energía; la estaba devorando. Una línea de código rojo parpadeaba en su retina: [Estabilización crítica: 14% de vitalidad comprometida]. Cada pulso de poder que ganaba se sentía como una aguja caliente atravesándole los tendones. Sacrificó un recuerdo de su infancia —el calor de una hoguera con su madre— para alimentar el proceso de estabilización. El sistema aceptó el pago, y el dolor se transformó en un zumbido de potencia pura que recorrió su columna.

—Déjate de juegos, Kaelen. Te he visto —la voz de Valeria cortó el silencio como un bisturí. Ella estaba allí, bloqueando la salida del Callejón de los Desechos, con los ojos fijos en la mano derecha de Kaelen. El brillo tenue que escapaba de sus poros no era el aura gris de un recolector; era el resplandor blanco de energía pura, un lujo prohibido para los parias.

Kaelen apretó el puño, forzando la energía hacia sus canales internos. Valeria dio un paso al frente, su expresión oscilando entre la avaricia y el miedo.

—Sigues oliendo a estrato alto —dijo ella, bajando la voz—. Eso no se ve gratis. Los guardias de la Secta pasan por el corredor en menos de diez respiraciones. Si les digo que un desecho carga esencia robada, te deshacen antes de que puedas pestañear.

Kaelen sintió una ligereza antinatural en sus piernas. Sus músculos, antes atrofiados por la desnutrición, respondían ahora con una velocidad que apenas podía controlar. Sin previo aviso, se lanzó hacia ella, no para atacar, sino para desarmarla. Con un movimiento fluido, bloqueó su brazo y le arrebató el cuchillo de mercado. Valeria retrocedió, boquiabierta, viendo cómo el arma se doblaba en manos de Kaelen como si fuera hojalata.

—No soy el mismo de ayer, Valeria —gruñó Kaelen. La sorpresa en el rostro de la mujer se transformó rápidamente en una mueca cínica.

—Bien. Entonces tenemos un negocio. Thorne ha iniciado la purga. Si quieres sobrevivir, necesitas mi información.

El estruendo metálico del Maestro Thorne al aterrizar en el centro del mercado hizo vibrar el pavimento. Una onda expansiva de maná barrió la plaza, forzando a los recolectores a arrodillarse. Kaelen sintió cómo su núcleo, ahora rebosante de energía prohibida, palpitaba con peligro ante el escaneo sistémico del inquisidor.

—Trato hecho —dijo Kaelen, aceptando la alianza bajo presión.

Valeria lo empujó hacia una grieta apenas visible detrás de los puestos de mercado. Mientras la luz dorada de la autoridad de Thorne bañaba el callejón, el sistema de Kaelen emitió un aviso urgente: [Ruta de acceso: Estrato IV detectada. Requiere sacrificio de energía: 15% de vitalidad actual]. No era una sugerencia. Kaelen apoyó la palma contra la pared de piedra fría, grabada con runas que nadie más notaba. El sistema drenó su energía al instante, abriendo una puerta que la Secta creía sellada. El portal se abrió, revelando un estrato inexplorado mientras el rastro de Kaelen desaparecía de los radares de Thorne, dejándolo a las puertas de un ascenso que cambiaría las leyes de la Torre para siempre.

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