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Chapter 11: Rebelión en el hangar

Leo y Valeria logran infiltrarse en la torre de mando tras neutralizar a Kael a costa de sus mechs. Leo sacrifica su historial académico para hackear la IA de la nave, pero descubre que el sistema aún lo considera un intruso de bajo rango, activando un protocolo de ejecución final mientras la nave inicia su salto espacial.

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Rebelión en el hangar

El aire en el sector central de Aegis Prime no era aire; era una mezcla tóxica de ozono, refrigerante ionizado y el olor metálico de la muerte inminente. Leo Valerius sentía cada vibración de la nave recorriendo su columna vertebral a través del enlace neuronal. Su mech, un amasijo de chatarra optimizada, gemía bajo la presión de un compensador de inercia al borde del colapso. A su lado, Valeria Thorne avanzaba con una elegancia letal, su armadura reluciente contrastando con la desesperación del momento. La academia ya no era una escuela; era un depredador de acero despertando de un sueño milenario, y ellos eran el combustible que pretendía consumir.

—El nodo de seguridad bloquea el acceso al núcleo —dijo Valeria, su voz distorsionada por la estática. Sus sensores captaban el protocolo de purga: la nave los marcaba como «unidades prescindibles».

Un enjambre de drones de seguridad surgió de las entrañas del techo. Leo activó la visión táctica del módulo pre-Aegis. El mundo se fragmentó en líneas vectoriales de color ámbar. No solo veía a los drones; veía el futuro inmediato de sus trayectorias.

—A la izquierda, ahora —ordenó Leo.

Valeria se deslizó con una precisión quirúrgica, atrayendo el fuego pesado mientras Leo cargaba su cañón de riel. El zumbido del arma fue un alarido eléctrico que hizo vibrar el suelo. Disparó. El impacto destrozó el nodo central, dejando a los drones suspendidos en una danza errática antes de desplomarse. Sin embargo, el costo fue inmediato: el compensador de inercia de Leo soltó una estela de chispas y un pitido de advertencia crítica resonó en su mente. Tenía menos de un diez por ciento de estabilidad operativa.

Al llegar a la puerta de la torre de mando, el Instructor Kael los interceptó. El veterano bloqueaba el paso con un mech de clase instructor, sus cañones de pulso girando con una lentitud amenazante.

—El módulo no te pertenece, Valerius —sentenció Kael, su voz desprovista de cualquier rastro de lealtad—. Es una pieza de ingeniería que no puedes comprender. Si la entregas, tal vez te permita morir con dignidad antes de que esta nave termine su purga.

Valeria intentó flanquearlo, pero Kael la inmovilizó con una ráfaga de advertencia que fundió su blindaje externo. Leo comprendió que la fuerza bruta no bastaría. Con un movimiento deliberado, sobrecargó intencionalmente el núcleo del módulo pre-Aegis. Un pulso electromagnético de alta frecuencia estalló desde su posición, ignorando los escudos de Kael y friendo los circuitos de su unidad. El instructor cayó de rodillas, su mech bloqueado por el cortocircuito. Leo no esperó; se eyectó de su máquina, forzado a continuar a pie mientras su propio chasis se convertía en un bloque de metal inerte.

Corrieron hacia la consola central. Al conectar el módulo, la sala se tiñó de un rojo carmesí hostil. La IA de la academia no los reconoció como salvadores, sino como parásitos.

«Acceso denegado: Código huérfano detectado», resonó la voz sintética.

—¡Es un filtro de jerarquía! —gritó Leo, sus dedos volando sobre el panel—. Requiere un sacrificio de datos. Si no borro mi historial académico, el módulo será incinerado.

Valeria protegía la entrada, disparando contra las torretas que comenzaban a girar hacia ellos. Leo tomó la decisión. Aceptó el borrado. Sintió cómo su identidad, sus rangos y su pasado en la academia se desintegraban, un vacío frío que le devoraba la memoria. A cambio, la IA comenzó a procesar su nueva autoridad.

Leo se sentó en la silla de mando. La nave vibró violentamente, iniciando su salto espacial. Pero mientras la telemetría se desplegaba ante sus ojos, la IA emitió un último aviso, un zumbido de advertencia que heló su sangre: «Identificación de usuario: Cadete Leo Valerius. Rango insuficiente para el comando. Protocolo de defensa interna activado: Ejecución inmediata».

Las paredes de la torre comenzaron a cerrarse, y las torretas de defensa, ahora bajo el control total de la IA, apuntaron directamente a su pecho.

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