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Chapter 9: El colapso de la jerarquía

Leo derrota a Valeria Thorne en un duelo público, revelando que ambos son peones de un sistema de purga institucional. Kael intenta arrebatarle el módulo pre-Aegis, pero Leo se sella en el sector inferior. Allí, descubre que la academia es una nave de guerra reactivándose, transformando el Campo de Pruebas en un escenario de supervivencia a gran escala.

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El colapso de la jerarquía

El zumbido del núcleo de la Carcasa era un lamento metálico que le taladraba los dientes a Leo. En su HUD, la cifra de inestabilidad —42%— latía como una herida abierta, sincronizada con el dolor agudo que le recorría la sien. Frente a él, el mech de Valeria Thorne, una maravilla de ingeniería de élite, yacía con el brazo derecho seccionado por un corte de precisión quirúrgica. El silencio en la arena era absoluto, una tumba de hormigón donde los espectadores, acostumbrados a la arrogancia de la jerarquía, observaban con incredulidad al chatarrero que acababa de desmantelar a la heredera.

—¿Por qué? —la voz de Valeria, distorsionada por la radio de emergencia, sonaba rota—. Podrías haberme convertido en chatarra. ¿Por qué te detuviste?

Leo apretó los mandos, sintiendo cómo el compensador de inercia fallido le devolvía una vibración violenta a los brazos. —Porque no eres el enemigo, Valeria —respondió, su voz filtrada por el procesador de audio—. Ambos somos piezas de un engranaje que planea nuestra obsolescencia. ¿Crees que tu linaje te salvará cuando la IA decida que tu rendimiento ya no justifica el consumo de recursos?

Antes de que Valeria pudiera responder, el aire del sector sellado se cargó de ozono. Un estruendo metálico retumbó en las paredes: el Instructor Kael estaba forzando la compuerta de seguridad con una cortadora de plasma industrial. Kael no buscaba justicia; buscaba el módulo pre-Aegis que ardía en el puerto neuronal de Leo.

—Entrega el registro de telemetría, Valerius —bramó Kael, su voz desprovista de su habitual cinismo, cargada de una codicia depredadora—. No es para un chatarrero. Es el código fuente de esta nave. Si lo entregas, te dejaré salir antes de que el protocolo de purga selle este nivel permanentemente.

Leo activó su visión táctica aumentada. Las líneas de datos rojas se superpusieron al entorno, revelando no solo la debilidad estructural de la puerta, sino el patrón de ataque de Kael. El instructor no estaba protegiendo la academia; estaba intentando extraer el módulo para su beneficio personal. Con un movimiento fluido, Leo puenteó los sistemas de su mech, sacrificando la integridad de su propio chasis para redirigir la energía hacia los propulsores de emergencia.

—No voy a entregarte nada —dijo Leo, mientras el sector se sellaba herméticamente, dejando a ambos atrapados en la penumbra de los niveles inferiores.

Atrapados en los túneles de servicio, la tregua entre Leo y Valeria fue tan precaria como el aire que respiraban. Mientras Leo intentaba descifrar el código de error pre-Aegis que parpadeaba en su interfaz, el suelo comenzó a vibrar con una frecuencia inhumana. La proyección holográfica que surgió de los datos no era un manual de entrenamiento, sino un esquema de ingeniería naval de guerra. La academia no era una escuela; era una nave de guerra enterrada que utilizaba a los cadetes como combustible biológico y técnico.

—No es un entrenamiento, Thorne —murmuró Leo, mientras el compensador de inercia de su mech colapsaba, enviando una descarga eléctrica a través de su columna—. Es una purga. La academia nos está desechando porque el sistema se está reactivando.

De repente, las paredes de la arena comenzaron a reconfigurarse. El hormigón se retrajo, revelando placas de blindaje pesado y torretas de defensa automática que apuntaban directamente a los ocupantes. El Campo de Pruebas estaba despertando. Leo sintió una conexión inusual: su módulo pre-Aegis no solo leía la red, la estaba absorbiendo. El techo de la cúpula se rasgó, exponiendo un cielo nocturno que no debería estar allí, mientras la estructura metálica bajo sus pies comenzaba a emitir un rugido de motores que llevaban siglos apagados. Leo se preparó, ajustando sus mandos. La academia era el mech más grande que jamás había pilotado, y la guerra por su supervivencia acababa de comenzar.

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