La sombra del pasado en la mesa
El comedor de los Varela no era un espacio para cenar; era un tribunal de etiqueta donde cada cubierto de plata parecía diseñado para diseccionar la reputación de Elena. Beatriz Varela, sentada a la cabecera, sostenía su copa de cristal con una precisión quirúrgica. Sus ojos, fríos y expertos, no buscaban conversación, sino una fisura en la fachada de Elena.
—Es curioso, Elena —dijo Beatriz, dejando que el silencio se estirara hasta volverse insoportable—. He revisado los registros de la fundación. No hay rastro de tu paso por la ciudad durante esos cinco años de ausencia. Uno pensaría que alguien tan... decidida, ha
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