La acusación en la mesa y el reloj encendido
En la sala de juntas de la torre corporativa, Doña Elvira acusa públicamente a Valeria de manipular el acta y la deja sin cargo delante de socios, abogados y familia, fijando el reloj: antes de la votación de esa noche, cualquier prueba desaparecida quedará enterrada. Valeria detecta en el registro proyectado un código alterado de forma demasiado limpia para ser casual, sospecha que la corrección ocurrió después de la acusación y confirma que Tomás sabe más de lo que dice. Expulsada y humillada, logra fotografiar el rastro del cambio, sale con una primera prueba útil y, ya en el pasillo, Nicolás la advierte de que el archivo también esconde una ruta secreta movida desde dentro.