Chapter 6
El patio central de la casa de té no era un refugio, era una trinchera. Camila observaba las baldosas agrietadas, donde el murmullo del agua subterránea sonaba ahora como una cuenta regresiva. Sobre la mesa de madera, las fotografías de la infraestructura hidráulica —tuberías de plomo, válvulas oxidadas, el corazón del barrio— se mezclaban con el cuaderno de hule negro de Elena.
Camila pasó el dedo por una entrada de hace tres años: 8.450.000. Peaje de silencio: Segundo. No era una deuda de mantenimiento. Era el precio que Elena pagaba para que el sistema de agua, el nodo que abastecía a tres manzanas, no fuera intervenido por el ayuntamiento. El remate, adelantado doce horas por un decreto municipal que apestaba a corrupción, no era un trámite administrativo; era un robo a mano armada.
El golpe en la puerta principal fue seco, autoritario. Segundo entró sin esperar, su traje impecable contrastando con la decadencia del lugar. Traía un maletín de cuero y una carpeta con sellos oficiales.
—El remate se adelantó, Camila —dijo, invadiendo el espacio—. La madrugada es el límite. Firma la cesión voluntaria y te ahorrarás el desalojo forzoso. Conservarás algo d
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