The First Lever
Alejandro salió de la suite 1408 con el cuello de la camisa deshecho, una marca roja palpitando bajo la barbilla donde el guardia lo había sujetado. El pasillo de la Clínica Altamirano, con su aroma a desinfectante caro y el zumbido eléctrico de los monitores, le pareció un corredor de ejecución. A los diez pasos, una enfermera levantó la vista; al reconocerlo, sus ojos se dilataron. La noticia de su negativa a firmar ya era moneda de cambio en el piso VIP.
Se detuvo en un rincón ciego, lejos de las cámaras. Sacó el teléfono. El recibo del cheque original —quince años de antigüedad, firmado en esa misma clínica— crujió contra el forro de su saco. Marcó el número oculto.
—¿Ya estás fuera? —la voz al otro lado era gélida, sin rastro de empatía.
—Confírmame la cláusula. Ahora. Antes de que sellen la pila de firmas esta noche.
—Cláusula sexta, párrafo tercero —respondió la voz sin dudar—. Derecho de reversión del capital semilla con intereses compuestos si la votación de remoción se cierra sin tu firma. Sigue vigente. Rafael ha pedido una auditoría exprés para las nueve de la mañana, pero ignora que el contrato original está registrado en notaría pública, no en los archivos internos de la empresa. Si firman sin ti, el comprador externo entra limpio, pero tú recuperas el principal más intereses. Veintiocho
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