Chapter 6
El cristal de la sastrería no estalló; se rindió con un chasquido seco, una rendición que Mateo sintió en la base de la columna. Desde la penumbra del callejón, observó a los tres hombres de don Rafael. No buscaban dinero. Desmantelaban el legado de su padre con una precisión quirúrgica, volcando estanterías y rasgando rollos de seda como si buscaran una confesión en las fibras. Mateo apretó el libro mayor contra su costado; el cuero desgastado se sentía como una brasa.
La purga ya no era una amenaza; era una demolición sistemática. Había enviado el mapa de la red a la vieja guardia, pero el silencio que siguió a su mensaje era más pesado que el ruido de los cristales rotos. Se deslizó hacia el buzón de la esquina, rescatando una nota oculta tras un panfleto de demolición. «Ya no hay vuelta atrás, Mateo. Si yo caigo, el barrio arde contigo». La letra de J.M. era errática, cargada de una urgencia que le heló la sangre. Su primo no huía; estaba atrincherado.
El encuentro ocurrió en un restaurante de dim sum que servía como nodo neutral. El vapor del té se arremolinaba sobre la mesa, ocultando la mirada febril de J.M. Mateo golpeó la madera, obligando a su primo a soltar el maletín.
—El libro, J.M. Ahora —exigió Mateo, su voz apenas un hilo de acero.
J.M. soltó una carcajada desprovista de humor. —Si lo suelto, Rafael me descuartiza antes de que cruce la calle. Es mi única póliza de seguro, mi moneda de cambio contra la purga.
—Es una soga, imbécil —siseó Mateo, incli
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