Chapter 5
El aire en el almacén, cargado de polvo de cemento y el olor metálico de herramientas abandonadas, se sentía como una trampa que se cerraba. Mateo no esperó a que J.M. terminara de justificarse. El silencio entre ambos era asfixiante, una cuenta regresiva que palpitaba en las paredes del local. Apenas faltaban cuatro horas para el mediodía, y el ultimátum de don Rafael ya no era un rumor, sino una sentencia.
—No es por los ocho mil cuatrocientos dólares, Mateo —dijo J.M., con la voz rota, mientras sacaba de debajo de una lona el libro mayor. Sus dedos temblaban al acariciar el cuero desgastado—. Eso es solo el cebo. Rafael quiere los nombres de los que están bajo la protección del viejo sistema. Quiere borrar a quienes ya no le sirven para centralizar el flujo de las remesas.
Mateo tomó el libro. Al abrirlo, el rastro de tinta negra no mentía: una página arrancada a medias revelaba una entrada vinculada a una cuenta que él mismo había visto en los documentos de liquidación de su padre. Rafael no solo estaba purgando la red; estaba borrando su herencia.
—Si entrego este libro, el barrio sobrevive un mes más —dijo Mateo, manteniendo la mirada fija en su primo—. Si lo guardo, los destruyo a todos nosotros.
Al regresar a la sastrería, Mateo
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