Chapter 9
El aire en el pasillo de cuidados intensivos del Hospital Olmedo no solo olía a antiséptico; apestaba a dinero quemado y al pánico de una dinastía en ruinas. Mateo Valverde se detuvo frente a la puerta de la unidad de Don Ernesto. El abogado de Apex Capital, un hombre cuya lealtad se compraba al peso, bloqueaba el paso con la rigidez de un cancerbero.
—Si das un paso más, Mateo, la junta de accionistas recibirá una notificación de bancarrota técnica antes de que termines de respirar —soltó el abogado, ajustándose los gemelos con una parsimonia que pretendía ocultar su nerviosismo.
Mateo no se inmutó. La memoria USB en su bolsillo, con la auditoría secreta, pesaba como una sentencia de muerte. Rafael Valverde, en un alarde de desesperación, había hipotecado los activos personales de Don Ernesto para blindar los créditos basura de Apex. Si Mateo lo expulsaba hoy, la cláusula de bancarrota técnica se ejecutaría en sesenta minutos. La empresa colapsaría, llevándose consigo la fortuna familiar y la liquidez necesaria para el soporte vital de su abuelo. Mateo comprendió la trampa: Rafael no era un estratega, era un parásito que había conectado su propio corazón al de la empresa.
Dentro de la UCI, el pitido del monitor cardíaco
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