Chapter 5
El aire en el estacionamiento del Hospital Olmedo sabía a asfalto recalentado y a la electricidad estática de un desastre inminente. Mateo Valverde no caminaba; se movía con la economía de un hombre que ha calculado el costo de cada segundo. A las 2:00 a.m., el hospital era una fortaleza de silencio, pero el pánico era palpable en la seguridad privada que patrullaba los pasillos.
Al llegar a la unidad de cuidados intensivos, el Jefe de Seguridad de Apex Capital, un hombre llamado Varga, le cerró el paso. Su mano, apoyada en la culata de su arma oculta bajo el saco, era una declaración de intenciones.
—El señor Rafael ha sido claro, Mateo. Estás fuera. Si intentas entrar, la orden es sacarte por la fuerza. Y la fuerza, en este hospital, la dictamos nosotros.
Mateo no se inmutó. Sacó su teléfono y mostró una pantalla con una transferencia de datos en curso.
—Varga, tu contrato con Apex tiene una cláusula de indemnidad que se anula si hay un homicidio corporativo en curso. He enviado el informe de auditoría de 2022 a la Fiscalía y a los tres principales accionistas. Si me tocas, el servidor libera la segunda parte: la lista de pagos ilegales a
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