El precio de la verdad
El aire en la cabina de control de Spectra-Live se volvió irrespirable, cargado con el olor a ozono y el silbido agudo de los servidores forzados al límite. En las pantallas gigantes, la cara de Julián —antes pulida y distante— se deformaba bajo el peso de los documentos filtrados. Registros de tierras, actas de defunción adulteradas y el rastro de sangre digital que conectaba su ascenso con el despojo de los Valdés se desplazaban en bucle ante millones de espectadores.
—Elena, detén esto —la voz de Julián, despojada de su carisma, era un siseo desesperado. Se abalanzó sobre la consola, sus manos temblando mientras inten
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