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Chapter 3: El ascenso público

Ivo Roldán supera la prueba de ascenso al nivel medio tras una carrera vertical contra las trampas de gravedad activadas por Caín Soria. Su victoria, lograda mediante la explotación de un borde roto del sistema, lo posiciona en el ranking público, pero atrae una amenaza anónima que conoce el origen de su poder.

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El ascenso público

El aire en la plataforma de acceso al nivel medio sabía a ozono quemado y a la desesperación de mil aspirantes. Ivo Roldán se ajustó los guantes, sintiendo el pulso errático de su sistema: la marca de 'Ascendente 1' brillaba con una luz mortecina sobre su muñeca, un blanco pintado para cualquiera que supiera leer el registro de la Torre. A menos de cuarenta metros, la compuerta rotativa chirriaba, cerrándose con la lentitud agónica de una sentencia. El cronómetro de la Custodia marcaba apenas tres minutos para el corte definitivo.

—No mires atrás, Ivo —la voz de Mara Vela llegó seca, un soplido a través del estruendo de los pistones—. Si te detienes ahora, la Custodia no solo te quitará el acceso; borrarán tu registro de habitantes. Estarás muerto antes de que el sol de Arx alcance el cenit.

Ivo asintió, con la mandíbula apretada. Sus ojos, sin embargo, no estaban en la compuerta, sino en el estrado superior donde Caín Soria observaba la escena. El heredero no estaba solo; dos vigías de la Custodia, con sus ojos mecánicos escaneando la multitud, flanqueaban su posición. Caín cruzó la mirada con Ivo y sonrió con una arrogancia gélida, haciendo un gesto casi imperceptible con la mano. De inmediato, un bloque de contención de gravedad pesada se activó en el carril directo de Ivo, convirtiendo el suelo en una trampa de plomo.

—Está intentando cortarte la ruta —escupió Mara, apretando los puños—. Es un suicidio intentar pasar por el borde, el sistema de gravedad te aplastará los huesos antes de que llegues a la mitad.

Pero Ivo ya estaba en movimiento. Ignorando el peso que intentaba hundir sus botas en la plataforma, forzó su sistema. El dolor le recorrió la columna como una descarga eléctrica, el costo físico de obligar al sistema a ignorar la restricción. Su pantalla personal parpadeó en un rojo violento: Advertencia: Sobrecarga de memoria fragmentada. Integridad de ruta: 12%. Ivo no corrió; se dejó caer en el ángulo muerto de la gravedad, usando el mismo impulso que Caín había invocado para lanzarse hacia el borde inestable de la compuerta. La multitud soltó un jadeo colectivo. Ivo atravesó el umbral justo cuando la compuerta se sellaba con un estruendo metálico que sacudió los cimientos del nivel.

El tramo vertical era una pesadilla de peldaños de juramento y campos de fuerza fluctuantes. Caín Soria, moviéndose con una fluidez insultante, descendió hacia su altura, bloqueando el camino con una red de pulsos de repulsión.

—El nivel medio no es para los que arrastran deudas, Roldán —la voz de Caín rebotó contra las paredes, amplificada por un sello de estatus—. Quédate en el fango. Es el único lugar donde tu clase no molesta.

Caín activó un pulso de repulsión. El impacto golpeó a Ivo en el pecho, lanzándolo hacia atrás. Sus manos resbalaron, pero antes de caer al vacío, Ivo forzó su sistema una vez más. En lugar de ceder, se ancló en la estructura, convirtiendo el bloqueo de Caín en una catapulta de energía residual. Ivo no subió por la ruta marcada; se deslizó por una fisura en el sello de gravedad, un desvío imposible que solo su sistema roto podía leer.

—Vigía —ordenó Caín al oficial de la Custodia—, corta el suministro de energía al pilar cuatro. Que aprenda que la gravedad es un lujo de los que tienen rango.

El pilar se volvió opaco. La multitud rió, esperando ver a Ivo caer. Pero en el instante en que el pilar quedó sin energía, Ivo aprovechó el vacío sistémico. Se lanzó al vacío, no hacia abajo, sino hacia la plataforma superior, usando la inercia de la falla técnica como propulsor. Aterrizó con un golpe sordo en la plataforma, justo cuando la pantalla pública de la Plaza de Ascenso vibraba con un zumbido metálico. Su nombre, «Ivo Roldán», se deslizó hacia arriba en la lista, desplazando a un aspirante de los sectores comerciales por un margen de tres segundos.

El silencio que siguió fue absoluto. Caín Soria, a pocos metros, tenía los nudillos blancos de tanto apretar el barandal. La duda sobre su infalibilidad era ya una grieta evidente en su armadura.

—Suerte de principiante —escupió Caín, aunque su voz carecía de firmeza.

Ivo ignoró el insulto, sintiendo cómo el sistema ardía en su muñeca. Entonces, la pantalla pública parpadeó. El texto oficial se corrompió y, en lugar de confirmar su rango, desplegó un mapa que no existía en ningún registro: el acceso a un piso prohibido. La Torre no solo lo había reconocido; lo estaba desafiando a subir más alto. Pero mientras Ivo miraba el nuevo nivel, un mensaje anónimo parpadeó en su pantalla personal: Sé lo que eres, Roldán. La Custodia no tardará en saber cómo robaste esa llave.

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