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Chapter 2: Ganancia visible, deuda inmediata

Ivo valida su nuevo rango de 'Ascendente 1' tras la misión, pero su éxito atrae la atención de un cobrador de la Torre. Mara Vela interviene para ocultar la anomalía técnica de Ivo, revelando que su acceso de gravedad baja es una llave de memoria fragmentada. La Torre anuncia el cierre de los niveles medios en 48 horas, forzando a Ivo a una carrera contra el tiempo bajo la vigilancia constante de la Custodia y la sombra de su rival, Caín Soria.

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Ganancia visible, deuda inmediata

Ivo sintió el aumento antes de verlo: la palma de su mano pesaba menos sobre la baranda oxidada, el aire entraba en sus pulmones con una eficiencia nueva y, cuando apretó los dedos, el metal cedió un poco bajo su presión. No era imaginación. La gravedad baja permanecía como una ventaja pequeña pero tangible, y con ella venía una claridad seca en su interfaz: Rango público: Ascendente 1.

Apenas un escalón. Pero en la plaza de transferencia del barrio de compuertas, eso ya era una imprudencia. Las pantallas de peaje colgaban sobre las rampas como ojos de vidrio, vigilando a los vecinos que hacían fila con recipientes y sellos gastados. Ivo bajó la mirada, intentando ocultar el brillo del indicador, pero el sistema era un delator implacable.

—Oye. Tú. —La voz del cobrador de la Torre cayó desde atrás, seca y oficial—. Detente.

Ivo se quedó inmóvil. Correr habría sido admitir una culpa que no podía permitirse. El hombre llevaba la banda gris de recaudación y una sonrisa sin calor. —Tu nombre aparece en la lista de prioridades de la Custodia —dijo el cobrador, acercándose con la tableta de control en la mano—. Un salto de rango tan repentino en un sector de bajo flujo… eso no es suerte, es una anomalía de red. ¿Qué estás ocultando, Roldán?

Antes de que Ivo pudiera responder, una mano firme le agarró el codo. Mara Vela se interpuso entre él y el cobrador, con una expresión de tedio ensayado que ocultaba una tensión eléctrica.

—Es un error de sincronización del nodo, oficial —dijo Mara, señalando con desdén la pantalla pública que seguía parpadeando—. El mantenimiento de la Torre ha sido un desastre esta semana. Si quiere perder el tiempo multando a un muerto de hambre por un fallo de su propio sistema, adelante, pero el supervisor de sector está a dos rampas de aquí. ¿Quiere que le explique por qué está bloqueando la fila por un error de código?

El cobrador dudó, mirando la tableta y luego a la multitud que empezaba a murmurar. Con un gruñido, se apartó. Mara no esperó; arrastró a Ivo hacia un corredor de mantenimiento, lejos de las miradas de los vecinos y del escáner del cobrador.

El olor a aceite ritual quemado les llenó la garganta. Mara lo empujó contra una tubería sellada y le tomó la muñeca con dedos firmes, girándola hasta que la interfaz dérmica de Ivo quedó expuesta bajo la luz mortecina.

—No te muevas —ordenó ella—. Si parpadeas, el sistema refresca el caché y perdemos el rastro.

Ivo apretó los dientes. El dolor residual de la aceleración todavía le corría por los nervios como agujas calientes, pero al concentrarse, vio lo que Mara buscaba: una línea en gris sucio, oculta entre los datos de misión. Memoria fragmentada detectada → Ley de Piso 4: Acceso de Gravedad Reducida.

—Esto no es normal, Ivo —susurró Mara, su voz apenas un hilo—. La Torre no regala accesos. Ese 'borde roto' que usaste… no solo te dio velocidad, te dio una llave. Pero la Custodia ya está buscando la firma técnica. Si te vuelves a conectar, te borrarán antes de que puedas subir.

Ivo sintió el peso de sus palabras cuando la pantalla principal del Distrito 9 parpadeó, tiñendo de un rojo industrial los rostros de la fila. «Rotación de Gate en 48 horas. Reordenamiento de peajes. Niveles medios bloqueados tras el ciclo».

La noticia fue como un golpe en el estómago del barrio. La urgencia colectiva se convirtió en un muro de desesperación. Ivo entendió entonces la trampa: su ganancia no era un premio, sino una cuenta regresiva. Tenía 48 horas para usar su acceso antes de que la Torre cerrara la ruta para siempre.

Ivo caminó hacia la pasarela de tránsito, sintiendo el tirón de la gravedad baja. Cada paso era una prueba. Cuando cruzó la franja de seguridad que habría aplastado a cualquier otro habitante del nivel bajo, el panel lateral lanzó una luz azul sobre su perfil. Su rango público parpadeó, subiendo un grado más ante la mirada atónita de los pasajeros.

En la distancia, en un balcón de observación, una figura con el uniforme impecable de la Custodia anotó algo en un dispositivo de cristal. Ivo no vio al observador, pero sintió la presión en la nuca. Al otro lado de la pasarela, el nombre de Caín Soria aparecía en la parte superior del ranking, inalcanzable y arrogante. Ivo apretó los puños. La Torre no solo lo estaba vigilando; le estaba abriendo la puerta a una escalera que, según los fragmentos de memoria que ardían en su mente, no figuraba en ningún mapa público.

El ascenso había comenzado, pero el precio ya estaba marcado en su piel: la Custodia ahora sabía exactamente quién era, y el siguiente nivel no solo requeriría fuerza, sino sangre.

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