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Chapter 1: El precio de la compuerta baja

Ivo Roldán, un sobreviviente de los niveles bajos de Arx, utiliza un 'borde roto' en su sistema personal para acelerar una misión temporizada y pagar su deuda de agua. La maniobra le permite obtener el recurso, pero dispara una alerta de anomalía en la Custodia de la Torre, atrayendo la atención de un observador de rango superior y marcando el inicio de un ascenso peligroso.

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El precio de la compuerta baja

El zumbido de la compuerta de suministro no era un sonido, era una sentencia. Vibraba en los dientes de Ivo, un recordatorio seco de que en Arx, el aire y el agua no eran derechos, sino privilegios de clase. En la pared del módulo, la pantalla pública parpadeaba en un rojo que le quemaba la retina: Agua pendiente: 14 créditos. Retraso: 3 días. Acceso restringido al corredor de compuertas.

Ivo se incorporó, sintiendo cómo el metal frío del catre le clavaba la espalda. El orgullo le ardía, pero en los niveles bajos, el orgullo era una moneda sin valor de cambio.

—Te queda una hora, Ivo —la voz de Mara cortó el aire viciado. Estaba apoyada en el marco, con su bolsa de herramientas al hombro. No había lástima en su tono, solo el cálculo frío de quien ya había visto a demasiados vecinos secarse cuando la compuerta se sellaba para siempre.

Ivo miró la pantalla. Un nuevo cronómetro había aparecido mientras dormía, una cuenta regresiva que dictaba su supervivencia inmediata:

MISIÓN TEMPORIZADA: RECUPERAR FILTRO DE CONDENSACIÓN EN GALERÍA 4-B TIEMPO RESTANTE: 00:58:12 RECOMPENSA: CRÉDITOS DE PEAJE + ACCESO DE GRAVEDAD BAJA

—No tengo opción —dijo él, poniéndose en pie.

—Siempre hay opción. La tuya es morir intentándolo —replicó ella, aunque sus ojos seguían el contador con una intensidad que delataba su propia desesperación.

Ivo salió al pasillo colgante. El barrio bajo era un laberinto de rampas oxidadas y cables expuestos donde la jerarquía se medía en la altura de tu pantalla pública. La suya estaba tan abajo que apenas se distinguía entre el ruido de los anuncios de la Custodia. Al llegar al acceso de la galería, el guardia de turno ni siquiera lo miró.

—Crédito o nada —gruñó el hombre, con la mano sobre el sello de acceso.

Ivo mostró la palma vacía. El guardia se apartó con una sonrisa cruel; la Torre permitía entrar a los desesperados porque el fracaso era el mejor espectáculo para los niveles superiores.

Dentro, el aire era una sopa de vapor y óxido. Ivo se acercó al primer sello de condensación. Al tocar el panel, su visión se distorsionó. En el borde derecho de su interfaz, una línea irregular, como un corte en el cristal de la realidad, palpitó con una luz azulada. Un borde roto.

Sin pensarlo, presionó el vacío. El contador dio un salto violento, restando minutos de golpe. Un calambre eléctrico le recorrió la columna, dejándolo de rodillas. El dolor fue agudo, una descarga que le nubló el juicio, pero al recuperar el aliento, el tiempo ganado era real.

Repitió el proceso en cada sello. El costo era físico, una erosión constante que le dejaba la piel azulada y las manos temblorosas, pero el tablero estaba cambiando. Completó el séptimo patrón con apenas dos minutos en el reloj.

Corrió hacia la compuerta principal. La multitud se agolpaba, rostros cansados y cubetas vacías esperando el milagro. El cobrador golpeaba su vara contra el suelo, marcando el cierre inminente.

—¡Última llamada!

Ivo insertó el crédito en la ranura. La compuerta crujió, elevándose apenas lo suficiente para que el agua comenzara a fluir. Pero mientras el líquido vital llenaba las cubetas, la pantalla pública sobre el arco se volvió loca.

ANOMALÍA REGISTRADA. FIRMA TÉCNICA NO AUTORIZADA.

Su nombre, por un segundo, brilló en una posición superior. La marca azul bajo su ojo vibró con una intensidad insoportable.

—Te vieron —susurró Mara, a su lado, con los ojos fijos en la pantalla.

La compuerta se selló con un golpe sordo, pero el sistema no se detuvo. Una nueva línea de texto apareció, fría y definitiva:

Rango actualizado. Atención prioritaria asignada.

En la distancia, entre la multitud que se dispersaba, una figura elegante con la placa de la Custodia superior se detuvo. No era un cobrador. Era alguien que buscaba una anomalía. El ascenso de Ivo acababa de empezar, y el precio ya no era solo agua.

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