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Chapter 4: Un nuevo techo, un nuevo peso

Ivo llega al nivel medio y descubre que su ascenso ha activado una auditoría sistémica y una deuda de mantenimiento. Mientras busca refugio en una zona técnica, recibe un mensaje anónimo que confirma que la Custodia está tras su rastro. Ivo decide utilizar una misión de ruptura de alto riesgo para borrar su firma técnica antes de que la rotación de Gate se complete.

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Un nuevo techo, un nuevo peso

El aire en el nivel medio de Arx no era más puro; era más pesado, saturado por el zumbido metálico de los purificadores de alta eficiencia. Ivo Roldán se detuvo en el umbral de la compuerta de llegada, sintiendo cómo el polvo de los niveles bajos, aún incrustado en las costuras de su chaqueta, desentonaba sobre el mármol sintético. A su lado, Mara Vela no perdió un segundo en contemplar la opulencia. Con un empujón seco en la espalda, lo obligó a avanzar hacia el pasillo principal.

—No te quedes parado como un turista —siseó, sin mirarlo—. Aquí, los ojos de la Custodia no buscan delincuentes comunes; buscan anomalías. Y tú, Ivo, hueles a sistema roto desde la planta baja.

Ivo asintió, pero antes de que pudiera dar el siguiente paso, una notificación roja, agresiva y persistente, se grabó en su campo de visión. [ALERTA DE SISTEMA: MANTENIMIENTO DE RANGO - NIVEL MEDIO]. [Estado: Deuda de peaje de atmósfera y seguridad]. [Plazo: 04:00:00]. [Saldo: -500 Créditos-Torre]. Ivo apretó los dientes, conteniendo una maldición. El sistema no le estaba dando un premio; le estaba cobrando el derecho a existir en un piso donde cada bocanada de aire tenía un precio. La «llave de memoria fragmentada» que le permitió subir ahora actuaba como una baliza, atrayendo los impuestos de la Torre sobre su nueva posición.

—¿Qué pasa? —preguntó Mara, detectando la rigidez en su postura al ver el contador de deuda.

—El nivel medio no es una recompensa, Mara. Es una auditoría —respondió él, bajando la voz—. Me están cobrando por respirar. Si no pago en cuatro horas, el sistema me expulsará por insolvencia.

Mara soltó una carcajada amarga. —Bienvenido al club de los que intentan no ser purgados. Aquí, el refugio no existe, solo existen grietas. Y si quieres sobrevivir hasta que la rotación de Gate se complete en cuarenta y ocho horas, más te vale aprender a moverte por las sombras del código.

Se internaron en los barrios colgantes, un laberinto de pasarelas de servicio suspendidas sobre el abismo central de la Torre. Cada metro cuadrado tenía una etiqueta de propiedad, un peaje y una cámara de vigilancia. Ivo sentía la presión: Caín Soria, humillado en la prueba pública, no se quedaría de brazos cruzados. Sus espías ya estarían peinando la zona, disfrazados de técnicos de mantenimiento o simples vecinos.

—Ahí —señaló Mara, indicando una azotea de servicio que, según los mapas de la Custodia, estaba marcada como «área de riesgo estructural»—. Nadie la reclama porque el sistema cree que el suelo es inestable. Pero es una mentira de la Torre. Es una ruta muerta, un fragmento de memoria que nadie usa desde hace décadas.

Ivo usó su llave. Al contacto con el panel de acceso, la gravedad del área fluctuó violentamente, una señal de que el sistema intentaba rechazarlo. Él forzó el flujo, sintiendo cómo la descarga le recorría el brazo como un látigo eléctrico. El dolor fue agudo, pero la puerta cedió. El refugio era apenas una sala de servicio semiabandonada, conectada a los conductos de ventilación principales.

Sin embargo, la paz duró poco. Cuando Mara cerró la compuerta y la selló con un pulso de presión, una pantalla de mantenimiento privada, olvidada en un rincón, se encendió con un parpadeo errático. El texto estándar de diagnóstico desapareció, reemplazado por caracteres en rojo escarlata:

«Ascendente 1. Registro de anomalía: 04-92. Tu sistema no es un error, es un robo. La Custodia ya sabe qué borde has fracturado. El precio de tu silencio es el mapa de la compuerta secreta del Sector 7. Tienes hasta que la rotación de Gate se complete. No te escondas.»

El frío le recorrió la espalda. Alguien sabía que su ascenso no había sido mérito, sino una fisura en el código. Si la Custodia confirmaba la anomalía técnica, su ejecución sería inmediata.

—¿Qué demonios es eso? —preguntó Mara, palideciendo al leer la pantalla.

Ivo no respondió. Sus dedos temblaban sobre la consola. La Torre le estaba ofreciendo una elección: el silencio a cambio de una ruta prohibida, o la exposición total ante el sistema. Ivo forzó la memoria fragmentaria de la sala, obligándola a responder a su llave. La Torre le devolvió una ley antigua, un fragmento de código que nadie sensato tocaría: una misión de ruptura que le permitiría borrar su rastro, pero a un costo que amenazaba con quemar su propio sistema personal.

Un cronómetro hostil apareció en su visión, marcando el tiempo restante para la rotación de Gate. El refugio ya no era un escondite; era una celda. Ivo miró a Mara, con la resolución endureciéndose en su pecho. Si la Torre quería jugar con su sistema, él jugaría con la lógica de la Torre.

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