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Chapter 5: Alianza forzada

Julián se reúne con Elena en un café para obtener la grabación del protocolo experimental. Elena entrega el dispositivo bajo coacción, revelando que el cifrado es militar. El acceso de Julián dispara una alerta de seguridad, atrayendo al sedán negro que lo perseguía, dejándolos acorralados bajo la lluvia.

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Alianza forzada

El sedán negro no era una patrulla de seguridad; era un depredador con faros de xenón. Julián Varga se lanzó hacia el callejón, sintiendo cómo el informe de Mateo Larraín —el hermano del director, el eslabón perdido de la purga— se empapaba contra su pecho. El agua de lluvia, cargada de hollín, le cegaba, pero el sonido de las puertas del coche abriéndose fue suficiente. Corrió, con los pulmones ardiendo, hasta perderse en el laberinto de tuberías de vapor que rodeaban el hospital.

Setenta horas y cuarenta minutos. Ese era el tiempo que le quedaba antes de que la Auditoría Externa Secreta (A.E.S.) borrara la evidencia de que el hospital había convertido a un paciente en un sujeto de prueba.

El café 'El Refugio' era un antro de mala muerte donde la dignidad iba a morir. Julián entró, sacudiéndose el agua, y se sentó en la mesa más oscura. Elena Rivas llegó a las 23:15. No era la jefa de residentes impecable que él conocía; su gabardina estaba arrugada y sus ojos, inyectados en sangre, delataban una noche de insomnio y terror. Se sentó sin saludar.

—Me vigilan, Julián —susurró, con la voz quebrada—. Seguridad ha estado en mi casa. Saben que falta algo.

Julián deslizó su teléfono, una carcasa inútil ahora que su acceso administrativo estaba bloqueado.

—El informe confirma que Larraín era el hermano del director. La auditoría es una farsa para limpiar el rastro del protocolo experimental de Valcárcel. Necesito la grabación original. Si no la tengo, mañana estaré muerto y tú serás la siguiente.

Elena sacó un dispositivo de almacenamiento. Sus dedos, blancos por la tensión, se aferraron al metal.

—Es mi seguro de vida. Si te lo doy, pierdo mi única protección. Pero si no lo hago, el protocolo de purga nos alcanzará a ambos. El cifrado es militar; si intentas forzarlo, el sistema enviará una alerta de intrusión a la seguridad interna.

Julián conectó el dispositivo a su portátil. Sus manos temblaban. Saltó el firewall con una puerta trasera que él mismo había diseñado, pero al acceder a A.E.S. - PROTOCOLO LARRAÍN, una advertencia roja inundó la pantalla: Acceso no autorizado detectado.

El chirrido de neumáticos afuera fue instantáneo. Las luces del sedán negro atravesaron el cristal de la cafetería, cegándolos. Julián guardó el dispositivo y agarró a Elena del brazo.

—¡Muévete!

El coche bloqueaba la salida, encendiendo sus luces largas. La cacería había comenzado.

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