La caída de la jerarquía
El aire en los túneles de servicio de la Academia sabía a ozono, aceite quemado y a la desesperación metálica de quienes han sido olvidados. Kael apretó los controles del Mark-IV, sintiendo cómo el chasis vibraba contra el hormigón agrietado. El módulo de aleación negra, incrustado en el núcleo de su mecha, emitía un pulso rítmico que encendía las paredes del túnel con destellos azulados. Era una firma energética prohibida, un faro para cualquier sensor de la Academia, pero no tenían otra opción.
—Kael, si no cortamos la firma energética ahora, los drones de seguridad nos localizarán antes de que lleguemos al estrado —dijo Elena. Su voz, filtrada por el intercomunicador, sonaba tensa, cargada con la urgencia de quien sabe exactamente qué ocurre cuando la Academia decide purgar un error.
—Lo intento —respondió él, esquivando una tubería de refrigeración que goteaba vapor sobre su cabina—. Pero el sistema se está resistiendo. Es como si el Mark-IV estuviera protegiendo los datos de corrupción que extrajimos.
De repente, una alarma estridente cortó el zumbido de los motores. En la pantalla táctil, un icono rojo parpadeó: Seguridad de Academia: Rastreando firma de prototipo. Purga de núcleo iniciada. El tiempo se agotaba. La asamblea de la secta estaba a punto de comenzar y la invalidación de la cláusula 4-B significaba que, si los atrapaban, no habría juicio ni defensa. Solo el olvido.
El túnel se estrechó abruptamente en la intersección del nivel -2, donde una mole de metal bloqueaba el camino. El Enforcer estaba allí, su mecha de contención pesado emanando un calor sofocante.
—No hay salida, rata —la voz del Enforcer retumbó por los altavoces, distorsionada por un odio clasista que Kael conocía demasiado bien—. Tu chatarra se convertirá en mi trofeo antes de que llegues a la asamblea.
Kael no respondió. Sus ojos escanearon la interfaz mientras el calor del motor alcanzaba un crítico 88%. El 'Despliegue Cinético' era su única moneda de cambio, una apuesta suicida que requería precisión absoluta. Si fallaba, el túnel colapsaría sobre ellos. Kael aceleró. El Mark-IV se convirtió en un borrón de energía azulada, un proyectil humanoide que atravesó el blindaje del mecha del Enforcer en una explosión de chispas y metal retorcido. El enemigo quedó inmovilizado, pero la estela de energía disparó una alarma de nivel crítico en toda la infraestructura de la Academia.
—¡Corre, Kael! —gritó Elena—. El firewall está cayendo, pero la red de seguridad ha marcado nuestra posición como 'objetivo de purga'.
Llegaron al centro de datos bajo el estrado principal. Mientras arriba, la élite de la secta comenzaba su ceremonia, Kael conectó el prototipo a la red central. El firewall de grado militar se alzó contra ellos, un muro de hielo digital que amenazaba con incinerar el procesador del Mark-IV. Elena sacrificó el último módulo de seguridad de su propio equipo, un gesto de lealtad que dejó a Kael sin aliento. El sistema parpadeó y, en las pantallas gigantes del sector, los registros de corrupción empezaron a fluir: listas de deudas falsificadas, ejecuciones extrajudiciales y el nombre de su padre, el arquitecto de la verdad que la secta intentó borrar.
El caos estalló en la superficie. Gritos de indignación y el sonido de sirenas de seguridad llenaron el aire. Kael, con el Mark-IV al borde del colapso estructural, se preparó para la salida explosiva. La asamblea estaba en llamas y, con la seguridad cerrando el cerco, el techo del hangar comenzó a ceder bajo el fuego cruzado. La prueba final estaba emitida, pero el precio de la libertad apenas comenzaba a cobrarse. Kael activó los propulsores, forzando una salida hacia el exterior mientras las balas de la Academia perforaban el aire a su alrededor.