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Chapter 10: El precio de la revelación

Kael neutraliza al Enforcer en el hangar 4-B utilizando el 'Despliegue Cinético' y escapa de la Academia a través de un conducto estructural, dejando atrás la seguridad de la secta para enfrentarse a una realidad exterior mucho más peligrosa.

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El precio de la revelación

El aire en el nivel -4 sabía a ozono y a la amarga electricidad de una red colapsando. Kael apretó los controles del Mark-IV, sintiendo la vibración del chasis como una extensión de sus propios nervios. En la pantalla táctil, el mapa de la Academia destellaba en un rojo violento: todas las salidas estaban selladas. La exposición de los datos de corrupción en la red central había funcionado, pero el silencio que siguió a la difusión de las pruebas era más aterrador que cualquier alarma. La secta no solo estaba furiosa; estaban purgando los registros, y Kael era el error de sistema que debían borrar.

—Kael, si no salimos ahora, nos enterrarán vivos —la voz de Elena sonó distorsionada por el comunicador, cargada de una urgencia que no admitía dudas. Ella estaba a unos metros, coordinando el hackeo de la compuerta del Hangar 7 desde una terminal portátil—. El sistema ha marcado al Mark-IV como 'objetivo de purga'. Si nos atrapan aquí, no habrá juicio, solo chatarra.

Kael no respondió. Sus ojos estaban fijos en el indicador de integridad: 82%. El 'Despliegue Cinético' había sido un éxito táctico, pero el costo estructural era innegable. El Mark-IV crujía bajo la presión de la red de seguridad, que intentaba bloquear sus protocolos de movimiento en tiempo real. Un escuadrón de drones de vigilancia se deslizaba por el pasillo principal, sus cañones girando con una precisión gélida. Kael desvió la energía del motor hacia el sistema de sobrecarga, sintiendo cómo el módulo de aleación negra, el corazón prohibido de su máquina, respondía con una pulsación gélida que le recorría la columna.

—No podemos pasar por la puerta principal —dijo Kael, sus dedos bailando sobre la consola—. Voy a forzar un acceso secundario. Eso dejará una firma energética detectable a kilómetros, pero es nuestra única opción.

Al llegar al Hangar 4-B, el aire se volvió denso. Un estruendo metálico resonó en la entrada. El Enforcer no estaba muerto; estaba allí, de pie frente a la compuerta, con su armadura de combate brillando bajo las luces de emergencia. No era un duelo táctico; era una ejecución. El Enforcer activó un anulador de protocolos que hizo que las luces del hangar parpadearan violentamente.

—Tu chatarra no tiene lugar en este sector, Kael —la voz del Enforcer retumbó por los altavoces, cargada de un desprecio clasista que Kael había sentido toda su vida—. La Cláusula 4-B es historia. Tu derecho a existir aquí terminó en cuanto filtraste esos datos. Vas a ser borrado.

El Enforcer levantó un rifle de pulso cargado con munición de fragmentación. Kael no tenía margen de error. Activó el 'Despliegue Cinético' en un estallido de energía pura, forzando una retroalimentación directa contra el módulo de aleación negra. El aire se cargó de estática y un arco voltaico saltó entre el Mark-IV y el anulador del Enforcer. El oficial gritó mientras su propio equipo se volvía contra él, fundiéndose en un cortocircuito que lo arrojó contra la pared del hangar. Antes de desplomarse, el Enforcer escupió sangre, con los ojos vidriosos de odio: —Esto no termina conmigo... los Fundadores ya han enviado la orden de purga total. No saldrás de este complejo.

Kael no se detuvo. Elena corrió hacia la cabina, con los ojos llenos de una mezcla de terror y asombro. El hangar 12 no era un refugio, era una trampa de metal esperando el golpe de gracia. Las luces de emergencia parpadeaban en un rojo agónico, iluminando el chasis del Mark-IV, cuyas juntas emitían un silbido metálico por el sobrecalentamiento. Afuera, el estruendo de los motores de la Seguridad de la Secta vibraba contra los muros reforzados del hangar. Ya no eran simples guardias; eran escuadrones de purga.

—El cerco está cerrado, Kael —dijo Elena, tecleando frenéticamente—. Si intentamos el protocolo estándar de salida, nos convertirán en chatarra.

Kael sintió el peso del control de mando. El mapa subterráneo del prototipo brilló en su visor, revelando una debilidad estructural en el muro norte, un antiguo conducto de ventilación que conectaba con el exterior. Sin dudar, activó el modo de sobremarcha. El motor rugió, un sonido agónico que resonó en todo el hangar mientras las reservas de energía caían en picada. El Mark-IV se lanzó hacia adelante, atravesando el muro exterior en una lluvia de concreto y metal retorcido.

El frío del exterior los golpeó de inmediato, una bofetada de realidad bajo la lluvia. Mientras se alejaban a toda velocidad, el comunicador de Kael recibió una señal encriptada. No era de la Academia. Era una frecuencia de resistencia, una red que había estado observando desde las sombras. El mensaje era breve, pero su impacto fue absoluto: "Te hemos visto, Kael. El Mark-IV es ahora el símbolo de lo que viene. La Academia es solo el primer nivel; el verdadero juego comienza afuera."

Kael miró hacia atrás, viendo las luces de la Academia alejarse, mientras los radares empezaban a pitar con la presencia de nuevas facciones que ya los estaban cazando.

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