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Chapter 7: La verdad en el código

Kael sobrevive al asalto inicial del Enforcer tras hackear la red de la Academia usando el prototipo de su padre. Elena revela su pasado como técnica desertora y el propósito real del Mark-IV como llave maestra de la infraestructura de la secta. Kael logra neutralizar al escuadrón de asalto mediante una nueva habilidad de combate desbloqueada, pero queda atrapado en un hangar sellado con su mecha al borde del colapso estructural.

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La verdad en el código

Las alarmas rojas del Sector 4 no solo sonaban; aullaban, un lamento electrónico que se filtraba a través de los paneles reforzados del hangar. Kael hundió los dedos en la interfaz del prototipo, sintiendo el calor del núcleo vibrando contra sus nudillos. El Mark-IV, su única garantía de supervivencia en esta fosa de leones, emitía un zumbido agónico.

—¡Acceso denegado! —la voz sintética de la Academia retumbó, fría y absoluta.

Afuera, los golpes metálicos del Enforcer Vane contra la compuerta resonaban como disparos de artillería. Kael no estaba negociando; estaba siendo cazado. Invocó el código fuente de su padre, una secuencia de comandos prohibida que se filtró por los circuitos del mecha como mercurio líquido. Sus dedos volaron sobre el panel holográfico, reescribiendo la arquitectura del sistema mientras el aire en el hangar se volvía pesado, cargado de estática y ozono. El virus defensivo se disparó, colapsando la red de seguridad de la Academia. Las puertas se sellaron con un estruendo hidráulico que hizo temblar el suelo.

Kael soltó un suspiro, pero el alivio murió al instante. El panel cambió a un tono púrpura. El «Modo Emergencia» se había activado, transformando su refugio en una tumba sellada al vacío. El sistema no solo había cortado el acceso externo, sino que estaba drenando la atmósfera para sofocar cualquier posible amenaza interna.

—Elena, ¿qué demonios ha pasado? —rugió Kael, golpeando el cristal del prototipo.

Elena se lanzó sobre él, apartándolo con una ferocidad impropia de su figura. Sus dedos, marcados por cicatrices de soldadura electrónica, volaron sobre el panel. —Apártate, novato. Yo ayudé a escribir este cifrado cuando aún limpiaba las botas de los altos mandos —escupió ella, con los ojos inyectados en sangre—. No es un prototipo, Kael. Es la llave de la celda donde enterraron a tu padre.

Con un movimiento preciso, conectó el núcleo del Mark-IV. La consola estalló en un holograma azul cobalto: un mapa laberíntico de la infraestructura oculta de la Academia. Kael sintió que el suelo se movía bajo sus pies. El mapa revelaba un nivel subterráneo, una red de túneles de energía que alimentaban la secta, y su mecha era la única llave maestra capaz de acceder a esos nodos. La verdad sobre el legado de su padre no era solo académica; era política, y era peligrosa.

El estruendo del metal retorciéndose anunció el fin de la discreción. La puerta reforzada saltó en mil esquirlas cuando las unidades de asalto del Enforcer irrumpieron, sus rifles de pulso iluminando la penumbra con destellos letales.

—¡Objetivo localizado! ¡Fuego a discreción! —rugió Vane desde el umbral.

Kael no esperó. Empujó la palanca de emergencia. El brazo derecho del Mark-IV, al 12% de integridad, crujió bajo el esfuerzo, pero respondió. Kael forzó el núcleo del prototipo, sintiendo una descarga neuronal que le quemó la sinapsis. El sistema de combate desbloqueó un patrón de movimiento prohibido. El mecha se movió a una velocidad antinatural, un borrón de acero que esquivó el fuego enemigo. El impacto contra el líder del escuadrón fue brutal, enviándolo contra los muros con un crujido de blindaje fracturado.

El Mark-IV absorbió los datos de los drones destruidos, y en el HUD de Kael, una nueva habilidad de combate parpadeó: Despliegue Cinético. Pero el costo fue inmediato. El sistema de seguridad de la academia se bloqueó por completo, sellando las salidas y dejando a Kael atrapado dentro del hangar con su mecha en modo de emergencia, mientras el prototipo, alimentado por el combate, comenzaba a sobrecalentarse, forzando a Kael a una elección imposible: rendirse ante el Enforcer o forzar el motor hasta la autodestrucción.

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