Duelo bajo sospecha
El hangar del Sector 4 apestaba a ozono y a la desesperación de un hombre que sabe que su tiempo se agota. Kael observó el brazo derecho de su Mark-IV, una estructura esquelética reducida al 12% de integridad, oscilando con un chirrido metálico que le taladraba los nervios. Veintitrés horas. Ese era el margen que el Enforcer Vane le había otorgado antes de la auditoría técnica. Si el brazo no respondía, el Mark-IV terminaría en la prensa de chatarra antes del amanecer.
—Kael, los sensores perimetrales detectan una firma de rastreo —la voz de Elena, distorsionada por el comunicador, vibraba con una urgencia que no admitía réplicas—. Vane ha movido a su equipo de inspección al nivel inferior. Si te encuentran con ese servomotor del mercado negro, no habrá protocolo de gracia que te salve.
Kael no respondió. Sus manos, manchadas de grasa sintética, temblaban al intentar encajar el componente ilegal en el zócalo principal. El motor, una pieza de tecnología prohibida, rechazaba la sincronización. El sistema de diagnóstico del Mark-IV parpadeaba en un rojo furioso: Incompatibilidad de bus. Riesgo de retroalimentación crítica. Kael cerró los ojos, visualizando el esquema que su padre había dejado oculto en los archivos del sistema. No era solo un motor; era un puente. Con un gruñido, sobrecargó el núcleo central del mecha, forzando la integración. Un destello azul cegador iluminó el hangar y el brazo derecho se tensó, cobrando vida con un zumbido armónico. Pero el costo fue inmediato: la firma energética del Mark-IV se disparó, enviando una alerta roja a toda la red de la Academia.
El alivio duró poco. Apenas salió al Proving Ground, el aire sabía a metal fundido. Vane estaba en la plataforma de mando, observando con una sonrisa gélida mientras un mecha de la facción 'Hierro Puro' bloqueaba su salida. El piloto rival, Kaelen, se adelantó.
—El rango es un privilegio, chatarrero —bramó Kaelen—. Y tú lo robaste. Desmóntalo ahora o te lo arrancaremos nosotros.
La multitud guardó silencio. Vane no intervino; su inacción era una sentencia. Kaelen cargó. Su mecha lanzó una estocada directa hacia el hombro derecho de Kael, buscando la falla estructural. Kael sintió el crujido de los servomotores al límite, pero en lugar de retroceder, dejó que el módulo prohibido drenara la energía del golpe. Utilizó la inestabilidad como un arma, redirigiendo la fuerza del impacto hacia el chasis de su rival en una maniobra no convencional que hizo que el mecha de Kaelen colapsara sobre sí mismo. La arena estalló en murmullos de asombro. Kael había ganado, pero la firma energética de su mecha, ahora expuesta, brillaba como una baliza en los radares de la élite académica.
Tras el duelo, Vane lo interceptó en el pasillo, con la mano sobre su comunicador, listo para la confiscación.
—Tu mecha es una ofensa técnica, Kael —dijo Vane, su voz destilando veneno—. Has activado demasiadas alertas. La auditoría será ahora mismo.
—Invocó la cláusula 4-B del Reglamento de Ascenso —replicó Kael, firme a pesar del sudor frío que le recorría la nuca—. 'Protección al Prodigio en Ascenso'. Cualquier auditoría fuera de plazo requiere una orden firmada por un supervisor. Usted no tiene la autoridad.
Vane se retiró con odio, pero dejó claro que la auditoría sería el fin. Fue entonces cuando el comunicador de Kael vibró con un mensaje cifrado. Al abrirlo, el texto se grabó en su retina: «No eres el único que busca la verdad».
Kael intentó descifrar el origen, pero el sistema de seguridad de la Academia comenzó a purgar los registros de su terminal. Las compuertas del Hangar 4 se sellaron con un estruendo hidráulico. Las luces se tornaron blancas: protocolo de contención. Kael estaba atrapado, con su mecha en modo de emergencia y el equipo de intervención de Vane golpeando la puerta. El sistema de la Academia estaba borrando el legado de su padre en tiempo real. Sin dudarlo, Kael desconectó el enlace maestro del Mark-IV y lo inyectó directamente en la terminal de seguridad, usando el módulo prohibido como un virus para paralizar la red. La pantalla se apagó, dejándolo en la oscuridad total, atrapado en el corazón de la bestia que intentaba devorarlo.