Fricción en el mercado negro
El Mark-IV entró en el taller clandestino arrastrando el brazo derecho, una masa de metal retorcido que emitía un siseo hidráulico agónico. Kael saltó de la cabina antes de que el chasis terminara de enfriarse, sintiendo el peso de las veintitrés horas restantes en el cronómetro de la auditoría de Vane. El aire estaba cargado con el olor a ozono y aceite quemado, un recordatorio de que cada segundo de rendimiento del módulo prohibido le estaba costando la integridad estructural de su única posesión.
—Kael, ¿qué has hecho? —La voz de Elena, quebrada y delgada, resonó desde la penumbra. Se apoyaba contra una viga, rodeada de cajas de suministros médicos que ahora estaban vacías. Kael ignoró la punzada de culpa y se deslizó bajo el torso del mecha. Los sensores de la red de la Academia parpadeaban en su visor, una estela de calor que delataba su ubicación exacta. Necesitaba blindaje, una capa de contención que ocultara la firma energética del módulo de su padre antes de que los drones de Vane rastrearan la frecuencia exacta.
—No había otra forma de sobrevivir al dron de contención, Elena. El rango medio no perdona la debilidad —respondió él, enfocándose en los pernos fracturados del hombro. Elena se acercó, arrastrando una placa de aleación reforzada de grado militar, pesada y con marcas de uso. Estaba abollada, pero era densa. Kael se detuvo, con la llave de impacto suspendida. —¿Vendiste tus suministros para esto?
—Si te confiscan el chasis, no habrá nada que proteger. Hazlo —sentenció ella. Kael asintió, apretando los dientes. La instalación fue un trabajo de carnicero; soldar la placa aumentó el peso del brazo en un treinta por ciento, sacrificando la velocidad que tanto le había costado ganar, pero el silencio térmico que siguió fue un alivio inmediato. Estaba oculto, pero ahora era lento.
El Sector 4 era un laberinto de callejones donde la ley de la Academia se diluía en trueques sucios. Kael navegó el mercado negro oculto tras el peso extra de su nueva armadura, buscando un servomotor que compensara la inercia. Los drones de clase 'Inquisidor' sobrevolaban el área, sus focos barriendo los puestos de venta con una precisión fría. Vane no buscaba a Kael específicamente, pero la redada era masiva: confiscaban cualquier componente de alta gama. Kael se deslizó entre dos contenedores de carga justo cuando un rayo láser de escaneo pasó a centímetros de su cabina. Utilizando el código de acceso que encontró en el núcleo de su padre, Kael hackeó la frecuencia de los drones, enviando una señal de error que los desvió hacia el almacén de un traficante rival. El caos resultante le permitió comprar el servomotor, pero el esfuerzo hizo que el prototipo de aleación negra dentro de su pecho emitiera un pulso violeta que hizo vibrar todo el chasis.
De vuelta en la academia, el alivio duró poco. Valerius, un estudiante de rango superior con un mecha pulcro y arrogante, lo esperaba en la arena de entrenamiento. —¿Eso es todo, desecho? Tu chasis barato no aguantará ni un asalto más —se burló, lanzando un tajo electrificado. Kael, lastrado por la nueva placa de blindaje, apenas pudo esquivar. El brazo derecho, sobrecargado por el nuevo motor y el módulo prohibido, emitió un chirrido agudo. Kael sobrecargó el núcleo central, desviando toda la energía hacia los pistones del brazo derecho para un contraataque desesperado. La estructura reforzada empezó a fracturarse bajo la presión, crujiendo con violencia. La armadura, incapaz de contener el flujo, comenzó a ceder en pleno duelo; el prototipo debía compensar el daño o perdería el brazo derecho definitivamente.
Tras el duelo, Kael se retiró al rincón más oscuro del hangar, con el brazo del Mark-IV emitiendo un humo negro y constante. La integridad estructural marcaba un crítico 12%. Mientras intentaba estabilizar la energía del módulo, la pantalla principal parpadeó con una frecuencia antinatural. Un mensaje cifrado, encriptado con la clave de su padre, se desplegó sobre el informe de daños: «No eres el único que busca la verdad». Kael sintió un escalofrío; la auditoría de Vane era solo el comienzo, y alguien más estaba observando desde las sombras.