El retorno de la impostora
El golpe en la puerta de la suite presidencial cortó el aire como un veredicto. Camila entró sin esperar respuesta, tacones negros clavándose en el mármol con la precisión de quien ya se cree dueña del espacio. Vestido rojo sangre, carpeta manila en una mano, teléfono en la otra. Elena permaneció sentada en el sofá de terciopelo gris, las llaves de la propiedad que Julián acababa de entregarle aún frías contra su palma. No las soltó.
Julián, de pie junto al ventanal, giró apenas la cabeza. La noche de la ciudad partió su perfil en dos.
—Adelante —dijo, voz sin temperatura.
Camila recorrió la escena con una sola mirada: las copas de vino intactas, la cena abandonada, Elena con las piernas cruzadas y la espalda recta. Sus ojos se detuvieron en las llaves.
—Qué tierno. La impostora recibiendo las migajas de mi vida.
Elena levantó la
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