La máscara de la heredera
La suite del hotel De la Vega no era una habitación, sino un quirófano de la alta sociedad donde Elena estaba siendo diseccionada. Las estilistas trabajaban con una eficiencia gélida, ajustando el encaje negro del vestido —una pieza de alta costura que Camila, la prometida fugitiva, había abandonado en su huida— hasta que la tela se sintió como una segunda piel, fría y restrictiva.
Julián observaba desde el sillón de cuero, con un vaso de whisky que apenas había tocado. Su mirada no era la de un hombre que admiraba a una mujer; era la de un coleccionista evaluando si la pieza de recambio pasaría el escrutinio de los depredadores que esperaban fuera. Cuando las
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