Bajo la luz del flash
El zafiro descansaba sobre mi clavícula como un bloque de hielo, un recordatorio gélido de que en la mansión Valdés la belleza era sinónimo de propiedad. Apenas cerré la puerta de la habitación de invitados, el silencio se volvió opresivo, cargado con el eco de la cena y la mirada calculadora de Isabel. Había superado la prueba de sentarme a su mesa, pero el collar —esa joya cargada de historia y linaje— parecía vibrar contra mi piel, una amenaza física que cualquier experto en seguridad podría rastrear hasta el origen de mi engaño. Me acerqué al espejo, intentando desabrochar el cierre, pero mis dedos temblaban. Si el collar era un localizador, cada paso que daba dentro de la propiedad estaba siendo r
Preview ends here. Subscribe to continue.