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Chapter 4: La Sombra del Comandante

Kaelen y Valeria escapan de la auditoría de Hektor forzando un salto táctico al Nivel 6, donde la infraestructura comienza a colapsar bajo el control del Comandante.

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La Sombra del Comandante

El zumbido del Chatarra ya no era un simple fallo de motor; era un lamento metálico que vibraba directamente en los dientes de Kaelen. En el taller, la luz de emergencia parpadeaba en un rojo agónico, sincronizada con el pulso errático de su propio crédito vital. Bajo el chasis, Valeria trabajaba con una precisión quirúrgica, sus dedos manchados de grasa sintética moviéndose entre los cables expuestos del Módulo Táctico.

—Kaelen, deja de moverte —siseó ella, sin mirarlo—. El módulo no solo está drenando tu energía; está emitiendo una firma de datos tan sucia que los sensores de Hektor ya están triangulando nuestra posición exacta. Si no cerramos este puerto de datos, el escuadrón de limpieza no tardará más de diez minutos en convertir este taller en chatarra de segundo uso.

Kaelen apretó los puños, sintiendo el vacío en su sistema. Su pantalla de estado proyectaba un aviso en letras escarlata: AUDITORÍA CORPORATIVA EN CURSO: ACTIVOS EMBARGADOS. Su cuenta bancaria, el único sustento que le quedaba para liberar el nombre de su familia, mostraba un cero absoluto. La deuda de 48,200 créditos pendía sobre él como una guillotina. El parásito en su nuca palpitó, succionando un nuevo gramo de su vitalidad.

—¿Puedes ocultarlo? —preguntó Kaelen.

Valeria salió de debajo del mech, con el rostro desencajado. —No es un software, es un ancla. Está vinculado al protocolo de seguridad de la Torre. Si intento desconectarlo, el Chatarra se bloqueará permanentemente. La única forma de evadir la auditoría es subir al Nivel 6; las reglas de rastreo allí son distintas, más erráticas. Es nuestra única salida.

El zumbido de los drones de Hektor resonó en el conducto de ventilación, un aviso de ejecución. Kaelen no esperó. Chatarra rugió, sus pistones hidráulicos quejándose bajo el esfuerzo de una aceleración forzada. Frente a ellos, el túnel de servicio se estrechaba mientras las luces de seguridad parpadeaban. Los drones de asalto, pequeñas avispas de acero con láseres de corte, se acercaban por la retaguardia, abriéndose paso entre los restos de los niveles inferiores.

—El módulo marca una brecha de milisegundos en la esclusa —dijo Kaelen, su voz un susurro rasposo—. Voy a forzar el motor. Prepárate para el impacto.

—¡Estás loco, Vane! Ese motor no aguantará una sobrecarga de esa magnitud —gritó Valeria, pero él ya no escuchaba. Activó el salto táctico. El mundo se convirtió en una estela de luces blancas mientras el Módulo Táctico succionaba el calor de sus extremidades para procesar el vector. El dolor fue instantáneo, un entumecimiento que le subió por los brazos hasta el pecho.

Atravesaron la esclusa en un estallido de chispas y metal retorcido. El impacto contra el suelo del Nivel 6 fue brutal. El aire aquí sabía a ozono quemado y desesperación. El mech se sacudió, chirriando como una bestia herida mientras se anclaba a la plataforma.

—Kaelen, la auditoría no es una advertencia, es un protocolo de purga —la voz de Valeria chisporroteó en el intercomunicador—. Hektor acaba de bloquear los protocolos de salida. Si no inicias el ascenso, serás chatarra reciclable.

En las pantallas periféricas del cockpit, el rostro del Comandante Hektor apareció, impasible, proyectado sobre el caos del combate.

—Vane —dijo Hektor, su voz carente de humanidad—. Estás operando hardware que no te pertenece. La deuda que acumulaste al robar ese prototipo es impagable. Entrega el módulo, acepta el reciclaje, y tu familia recibirá una compensación mínima. Es la única salida digna.

El suelo bajo sus pies comenzó a ceder. La infraestructura del Nivel 6 se estaba reconfigurando para aislar al Chatarra en una celda de contención. Kaelen miró el abismo que se abría bajo la plataforma, luego el panel de control. El módulo le ofrecía una ruta, pero el costo de activarla era el colapso total de la sección.

—No voy a ser tu chatarra, Hektor —gruñó Kaelen, forzando la interfaz del módulo para recalcular la integridad estructural de la plataforma. El mech se inclinó, el metal gimiendo bajo el peso del sabotaje. Tenía que ganar el siguiente nivel, o el colapso lo enterraría junto con su última oportunidad de libertad.

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