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Chapter 3: Ascenso al Escenario Público

Kaelen utiliza el módulo táctico para derrotar al protegido de Hektor en el Nivel 5, ganando visibilidad pública pero activando una auditoría corporativa que congela sus activos y lo marca como objetivo prioritario.

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Ascenso al Escenario Público

El zumbido del escáner de la Torre no era un sonido, era una presión física que le taladraba los dientes. Kaelen Vane permaneció inmóvil en el centro del taller de Valeria, con el torso inclinado para ocultar la interfaz parásita incrustada en su columna. La estática azulada que emanaba del módulo le recorría los nervios como agujas de hielo, drenando su energía vital para alimentar la red de datos del mech.

—El margen de error es cero, Kaelen —susurró Valeria, sus dedos volando sobre la consola holográfica. El sudor le perlaba la frente mientras desviaba los paquetes de datos hacia un servidor fantasma—. Si la auditoría detecta este consumo de crédito vital fuera de los registros autorizados, nos convertirán en chatarra antes del amanecer.

Kaelen sintió un tirón en la nuca. El módulo no solo devoraba su energía; estaba reescribiendo su historial de acceso, inyectando código corporativo en su firma personal. Valeria soltó un jadeo, sus ojos fijos en el flujo de datos: —No es un error. Es una firma de propiedad. La Torre nos está rastreando como si fuéramos activos robados. Si sales ahí fuera con esto activo, Hektor te localizará en segundos.

El escáner pasó al sector contiguo. El tiempo se agotaba. Kaelen comprendió que esconderse era una sentencia de muerte; la única forma de ocultar su rastro era enterrar su firma bajo el ruido de una victoria pública en el Nivel 5.

*

El aire en el Nivel 5 sabía a ozono quemado y desesperación. Kaelen ajustó los controles de Chatarra, sintiendo cómo el módulo le robaba el calor de los dedos. Su crédito vital parpadeaba en rojo: 48,200 créditos. Cada microsegundo de sincronización le costaba una fracción de su existencia.

Frente a él, el Vanguardia del protegido de Hektor, un coloso de placas cromadas, cargaba con la arrogancia de quien nunca ha sentido el hambre de la deuda. La multitud, acostumbrada a ejecuciones rápidas, abucheó cuando Kaelen no huyó, sino que ajustó su postura. El módulo proyectó una línea de fuego azul en su visor: el punto ciego del Vanguardia.

—Eres un error de sistema, Vane —bramó el piloto rival por el canal abierto—. Los chatarreros no deberían caminar por este piso.

Kaelen no respondió. Activó los propulsores de emergencia. Chatarra rugió, un sonido de metal estresado que hizo vibrar el suelo. En lugar de atacar el blindaje frontal, Kaelen se deslizó por debajo de la guardia del gigante, usando la inercia para clavar su cuchilla térmica en la articulación de la rodilla del Vanguardia. El mech corporativo se desplomó con un estrépito metálico que silenció a la arena.

La victoria fue absoluta, pero el silencio que siguió fue más pesado que el ruido. En las pantallas gigantes, el rostro del Comandante Hektor ocupó todo el espacio. No había aplausos. La multitud guardó un silencio sepulcral.

—Piloto Vane —la voz de Hektor retumbó en el complejo, amplificada por los altavoces de la Torre—. Tu rendimiento ha superado las proyecciones. Has violado los protocolos al integrar hardware no autorizado.

Kaelen intentó mover el Chatarra, pero los servomotores respondieron con una lentitud agónica. Un icono de advertencia parpadeó en su consola: Créditos congelados. Auditoría de rendimiento iniciada. Hektor lo miraba con una frialdad que helaba la sangre. Kaelen comprendió la verdad: ya no podía esconderse. El Nivel 6 se desbloqueó ante él, pero ahora, cada paso en la Torre no era solo un ascenso, sino una carrera contra su propia ejecución.

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