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Chapter 7: Ascenso al estrato medio

Kael enfrenta la prueba de estrato medio bajo amenaza pública de ejecución de su madre. Sobrevive la gravedad extrema activando sobrepresión del núcleo violeta, luego copia en tiempo real el algoritmo de estabilización de drones oficiales, logrando una estabilización imposible que fuerza al sistema a registrar un parámetro clase S. Tras la victoria contundente, accede al registro de validación y descubre que la Torre filtra y extrae material genético anómalo de pilotos como él. Valeria irrumpe en el canal privado y confiesa que también está atrapada en el sistema.

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Ascenso al estrato medio

La compuerta del estrato medio se cerró con un golpe sordo que resonó dentro del cráneo de Kael como un martillo contra chatarra. El contador público flotaba en la esquina de su visor: 00:00:07. Siete segundos robados al Supervisor. Suficiente para cruzar. No suficiente para respirar.

—Ascensor no registrado Kael-377 —la voz del Supervisor cortó el aire como un láser mal calibrado—. Integridad estructural del Centinela: 43.2 %. Escudo derecho estabilizado. Escudo izquierdo: offline permanente. Probabilidad de colapso catastrófico en los primeros treinta segundos bajo 4.8 g: 87 %. Si el chasis cae por debajo del 38 % antes del minuto uno… la ejecución pública de tu madre comenzará en directo. Sin apelación. Sin indulto.

El holograma de su madre apareció en una ventana secundaria: rostro demacrado, ojos fijos en la cámara, labios apretados. No lloraba. Nunca lo hacía cuando la miraban. Solo esperaba. Como siempre había esperado que él no la decepcionara del todo.

La gravedad artificial se activó con un zumbido grave. El Centinela crujió. Las articulaciones de las piernas protestaron; los amortiguadores hidráulicos chillaron como animales heridos. Kael sintió cómo 4.8 gravedades le aplastaban las costillas contra el arnés. El núcleo violeta latió una vez, fuerte, como si también estuviera asustado.

Integridad: 43.2 % → 42.9 %

El público reaccionó en la transmisión con un rugido sordo que llegaba amortiguado a través del casco. Kael no tenía tiempo para escucharlos. Sus manos volaron sobre los controles. El código prototipo —ese fragmento robado de un Cazador de Sombras que nunca debió sobrevivir— ya estaba despierto en segundo plano, husmeando los logs del sistema de compensación gravitacional.

Sobrepresión manual núcleo violeta autorizada. Costo: -1.8 % integridad estructural permanente.

Kael apretó el gatillo secundario. El núcleo violeta rugió dentro del pecho del Centinela. Una oleada de energía cruda recorrió los actuadores recién instalados por las piezas de Valeria. Las piernas se tensaron, los estabilizadores laterales se bloquearon en posición extrema. El mech no se enderezó. Simplemente dejó de hundirse.

Integridad: 42.9 % → 41.1 %

Treinta y dos segundos. El contador de la transmisión pública llegó a 00:00:32 sin que el chasis tocara el suelo de la plataforma. El Supervisor guardó silencio por primera vez en toda la prueba. En la ventana secundaria, el holograma de la madre de Kael parpadeó una vez. No dijo nada. Solo cerró los ojos un instante.

El ranking saltó en vivo: 377 → 341.

La transmisión del Supervisor se cortó abruptamente. Un mensaje de error genérico ocupó la pantalla principal: Fallo técnico temporal. Reanudación en 3… 2… 1…

Kael no esperó la reanudación. Ya estaba en movimiento hacia el sector central de la arena.

El zumbido de los compensadores gravitacionales llenaba la arena como un enjambre furioso. La plataforma bajo el Centinela temblaba cada 7,3 segundos exactos. El contador público marcaba ya 18 minutos con integridad estructural clavada en 43,1 %. Cada décima por debajo de 43 % activaría la transmisión en vivo de la celda de contención donde estaba su madre.

—Oleada cuatro iniciada. Gravedad efectiva: 4,9 g. Ajuste compensatorio en curso —anunció la voz metálica del sistema.

Seis drones de contención —husos negros con ojos rojos— se desplegaron en hexágono perfecto y comenzaron a modular el campo. La gravedad subió en rampa cruel: 5,1… 5,3… 5,4 g… 5,7 g.

El chasis del Centinela crujió; las nuevas placas que Valeria había entregado como deuda chillaron bajo la carga. Kael no esperó la estabilización oficial. Sus dedos bailaron sobre los controles hápticos mientras el código prototipo se desplegaba en segundo plano.

Patrón detectado: compensación predictiva 87 % correlación. Desfase: 14 milisegundos.

Sonrió con los dientes apretados. Apretó el pulso secundario.

El Centinela no corrigió la postura. No se enderezó. Simplemente dejó de moverse como si la gravedad ya no importara. Durante 4,2 segundos eternos permaneció inmóvil en el centro del hexágono mientras los drones giraban a su alrededor sin poder desestabilizarlo. El público vio lo imposible: un mech de chatarrero barato clavado en el aire como si perteneciera a clase S.

Integridad estabilizada: 40,1 %

El sistema oficial registró en vivo: Parámetro fuera de norma clase S. Registro automático para revisión prioritaria.

La transmisión estalló. Comentarios, gritos, apuestas en tiempo real inundaron las pantallas secundarias. Kael no los leyó. Solo sintió el peso del Supervisor observándolo desde algún lugar más arriba, en silencio.

La prueba terminó con el pitido seco de validación. Ascensor confirmado. Acceso estrato medio otorgado.

Kael se dejó caer contra la pared de la sala de descompresión, el zumbido de los ventiladores de alta presión todavía vibrándole en los huesos. El indicador en su muñeca parpadeaba rojo: 43,2 %. Apenas cuatro décimas por encima del umbral de ejecución inmediata. Cuatro décimas que le habían comprado minutos, no horas.

El monitor de validación personal se encendió sin que él lo tocara. La interfaz del estrato medio no pedía permiso; simplemente mostraba lo que la Torre quería que viera. Y ahora mostraba demasiado.

Registro de validación – Piloto Kael-077 – Acceso nivel Ascensor provisional

Deslizó el dedo. Los datos de combate se desplegaron en cascada: curvas de respuesta neural imposibles, latencias negativas, picos de sincronía que ningún piloto humano debería alcanzar sin implantes de grado S.

Y luego, enterrado entre líneas de diagnóstico rutinario, un archivo médico con sello roto:

Protocolo Extracción Genética – Candidato Anómalo – Prioridad Alfa-9

No era un error de sistema. Era un registro vivo.

Muestra recolectada: 0,8 ml sangre capilar post-combate. Secuencia genética marcada como no conforme con estándar de filtrado piso 30. Anomalía persistente en locus 17q21.31 – Potencial de amplificación sin implante neural detectado.

Kael sintió que el aire se volvía espeso. La Torre no lo había dejado subir por descuido. Lo había dejado subir porque cada victoria pública lo convertía en un espécimen más valioso. No lo destruirían todavía. Lo cosecharían.

El monitor parpadeó. Una ventana privada se abrió sin previo aviso.

Valeria apareció en el canal cifrado, el rostro pálido bajo la luz fría del palco. Por primera vez su voz tembló.

—No eres el único que la Torre mantiene enjaulado para estudiarlo, Kael.

Antes de que él pudiera responder, el siguiente piso apareció en el tablero principal: Laberinto de Defensa Automatizada – Estrato Superior – Requerimiento mínimo: Integridad 55 %. Ranking proyectado para ingreso: top 150.

El contador de tiempo ya corría: 72 horas restantes.

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